Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Zairo D'angelo
21 de noviembre del 2018
La lluvia golpeaba con fuerza contra las ventanas de mi oficina, llenando el espacio con un murmullo constante que debería haberme resultado relajante. Pero no lo era. Por alguna razón, una inquietud extraña había estado rondándome desde temprano, un mal presentimiento que no podía sacudirme. Keyra estaba ocupada en la universidad, lidiando con proyectos y entregas de último momento. Eso significaba que el día, en teoría, sería tranquilo para mí. En teoría.
Tenía un par de contratos sobre el escritorio que necesitaban mi atención, pero apenas podía concentrarme. Mi mente seguía regresando a ella, a su sonrisa traviesa, a la forma en que su cabello caía en cascada sobre sus hombros cuando se sumergía en sus ideas. Era un pensamiento recurrente, una obsesión que me dominaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Fue en medio de ese caos mental que abrí la puerta de mi oficina y lo vi.
Un hombre, sentado cómodamente en una de las sillas frente a mi escritorio, como si el lugar le perteneciera. Su postura era relajada, pero había algo en su mirada que me hizo detenerme en seco. Ese tipo sabía exactamente lo que estaba haciendo, y no era una coincidencia que estuviera ahí.
Lo reconocí al instante. Aunque nunca habíamos hablado, su rostro estaba grabado en mi memoria por las historias que Keyra me había contado en esos momentos de vulnerabilidad que rara vez compartía. Aibek. El nombre cruzó mi mente como un relámpago, trayendo consigo una ráfaga de emociones que no estaba preparado para procesar.
Cerré la puerta detrás de mí, lentamente, y avancé hacia mi escritorio con la calma de alguien que sabe que el control de la situación le pertenece.
—D'angelo. —Su saludo fue seco, pero cargado de una arrogancia que no me impresionó en lo más mínimo.
Me senté frente a él, ignorando deliberadamente la mano que extendió hacia mí.
—Aibek. —Pronuncié su nombre con una neutralidad estudiada, como si no significara absolutamente nada para mí. Aunque, en realidad, significaba mucho más de lo que quería admitir.
Una sonrisa ladeada apareció en su rostro, una que no llegó a sus ojos.
—Así que me reconoces. Eso ahorra explicaciones.
—Reconocerte no significa que tengas derecho a estar aquí —respondí, entrelazando los dedos sobre el escritorio mientras lo miraba fijamente—. ¿Qué quieres?
Aibek se reclinó en la silla, claramente disfrutando de la tensión en el aire.
—Vine a hablar de Keyra.
Y ahí estaba. Lo inevitable. Su nombre en sus labios fue como un golpe, pero no permití que se reflejara en mi rostro.
¿Te ha contado lo manipuladora que puede ser? Cómo usa a la gente hasta que se cansa de ellos.