Capitulo cuarenta

664 52 22
                                        

Keyra Lombardi

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Keyra Lombardi

Estaba sentada en el borde de la cama, tomando mis medicamentos con lentitud, como siempre. La rutina ya me era familiar: las pastillas amargas y el toque de la crema en las heridas. Era casi una costumbre diaria, una forma de lidiar con lo que me había tocado vivir. Pero hoy, algo en el ambiente parecía distinto, y no sabía si era porque me sentía más agotada o porque sabía que algo iba a pasar.

Justo cuando guardaba la caja de medicamentos en el cajón, escuché la puerta abrirse. Miré hacia atrás, y vi a Enya entrar, acompañada de Axel. Estaban callados, con una expresión seria en sus rostros. No había risas ni bromas entre ellos, y eso ya me hizo sentir que algo importante estaba por suceder.

—Keyra —dijo Enya, sin dejar de mirarme—, ¿puedes venir un momento? Tengo algo que hacer.

Axel le pasó a Enya una pequeña caja blanca que había estado sosteniendo, y sin decir nada más, Enya se acercó a mí, con una determinación visible en su rostro.

—Estoy lista para hacerla —dijo Enya, casi con firmeza, como si se tratara de algo que ya había estado pensando por mucho tiempo.

Sentí una extraña inquietud en el pecho mientras veía a Enya abrir la caja. Su mano temblaba ligeramente, y pude notar la tensión en sus dedos.

Me quedé quieta, mirando la prueba en la mano de Enya. El aire en la habitación se había cargado de algo tan denso que casi podía tocarlo, un suspiro colectivo que ninguno de nosotros se atrevía a romper. Axel seguía sin saber qué hacer, su rostro reflejaba una mezcla de sorpresa y desconcierto.

De repente, Enya dejó de mirarnos a todos y se levantó con un movimiento brusco. La prueba en sus manos se convirtió en una pequeña bola arrugada que guardó en su bolsillo, como si de alguna forma pudiera esconderla, aunque todos ya sabíamos la verdad.

—Voy al baño —dijo con voz firme, pero sin mucha convicción. Su tono sonó más a un intento de recuperar el control que una simple afirmación de lo que iba a hacer.

Con paso rápido, Enya cruzó la habitación y entró en el baño de nuestra habitación, dejando atrás el silencio pesado que se había instalado entre nosotros. Axel la miró irse y luego me miró a mí, como si esperara una respuesta, una reacción que ni yo misma tenía clara.

Me senté en la cama, sintiendo cómo todo mi cuerpo se tensaba, como si quisiera escapar de la tensión, pero no podía. Mis manos temblaron ligeramente mientras trataba de asimilar lo que acababa de ocurrir. Un embarazo positivo. Enya... Enya estaba embarazada. El pensamiento daba vueltas en mi cabeza, pero no lograba aterrizar completamente. Enya había sido siempre tan independiente, tan segura de sí misma, que no imaginaba que algo así pudiera sucederle. O al menos, no de esta manera.

Axel parecía estar tan perdido como yo, buscando las palabras adecuadas que no parecían existir. Su rostro había pasado por una gama de emociones en los pocos minutos que habíamos estado en esa habitación, y ahora parecía estar mirando a través de mí, más allá de la situación misma. Pero, al final, él también se quedó en silencio, esperando a que Enya regresara del baño.

IndelebleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora