Capitulo diecisiete

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Zairo D'angelo

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Zairo D'angelo

Parte II

Mi mente estaba llena de contradicciones, pero una cosa era clara: no podía dejar que siguiera en esa fiesta, rodeada de gente, sin saber cómo manejaba las cosas. En ese estado, con el alcohol corriendo en su sistema y las emociones al límite, no me sentía tranquilo dejándola ir. Era como si algo dentro de mí me exigiera que la cuidara, que la sacara de ese lugar. No importaba lo que había pasado entre nosotros, no importaba lo que dijera mi orgullo o mi racionalidad; en ese momento, solo quería que estuviera a salvo.

La tomé por el brazo, y con un movimiento firme, la llevé hasta el coche. No dije una palabra, y ella tampoco. La manera en que me miraba no me decía mucho, pero sus ojos brillaban de una manera que me hacía querer envolverla en algo más que solo mi protección. Algo más profundo. Algo que, por alguna razón, no podía explicarme. No me detuve a pensar si debería haberla dejado ir, si esto no era mi lugar, porque en ese instante todo lo que quise fue que estuviera bien.

El coche arrancó, y la calle pasó rápidamente frente a nosotros. La música del bar aún retumbaba en mi cabeza, pero ahora, todo lo que podía escuchar era el sonido de su respiración a mi lado. El alcohol parecía haberla hecho más vulnerable, pero también la había dejado más abierta, más... accesible, por alguna razón. Y eso me preocupaba.

Quería hablar, pero las palabras no salían. Miré de reojo, y aunque no estaba borracha, podía ver que había algo en su mirada, como si estuviera distante, perdida en algo que no entendía. Tal vez no sabía qué pensar de todo esto, de lo que había pasado, de lo que seguía pasando entre nosotros. Yo tampoco.

Finalmente, llegamos a mi departamento. Estacioné el coche y la miré por un momento, observando cómo su expresión había cambiado. Estaba callada, casi tranquila, pero sus ojos aún reflejaban algo que no podía identificar. Quizá había mucho en su mente. O tal vez, simplemente, necesitaba un poco de paz.

—Vamos —le dije, bajándome del coche y caminando hacia la puerta. No quería forzarla a nada, pero sí necesitaba saber que estaba en un lugar seguro.

Entramos juntos, y el ambiente dentro de mi casa era mucho más cálido, mucho más tranquilo. La luz suave de las lámparas caía sobre todo, y el sonido de la ciudad fuera de las ventanas parecía estar tan lejos. Me volví hacia ella mientras cerraba la puerta.

—Puedes quedarte aquí —le dije con calma, observando cómo miraba alrededor, como si no supiera bien qué hacer o cómo reaccionar. Tal vez necesitaba tiempo para asimilar lo que había pasado, o tal vez solo quería salir de allí, de todo eso, sin tener que enfrentarse a lo que sentía.

Fui hacia la cocina a preparar algo de beber. Sabía que no podía dejarla así, sin más. A pesar de las emociones que había dentro de mí, de la rabia que sentí al verla con ese desconocido, algo en mi interior me decía que no podía dejar que se sintiera sola. Quería que se relajara, que se olvidara de todo eso por un momento. Ella necesitaba algo más que solo respuestas, algo que yo no sabía cómo darle.

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