Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
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Keyra Lombardi
Desde que Zairo y yo comenzamos a vivir juntos, me he acostumbrado a sus largas ausencias y a su carácter reservado. Sin embargo, en los últimos días algo había cambiado. Parecía más distante, como si una sombra invisible lo rodeara. Una noche, después de cenar, noté que recibió una llamada. Se levantó de la mesa sin decir nada, murmurando en alemán, un idioma que yo no entendía. Aunque intenté no darle importancia, no pude evitar que la curiosidad se plantara en mi mente como una semilla lista para germinar.
Esa noche me desperté sola en la cama. Zairo no estaba, y el lado donde dormía aún estaba frío. Bajé las escaleras de nuestra casa, descalza y con el corazón acelerado. La luz del despacho estaba encendida, pero cuando me acerqué, el silencio absoluto me indicó que ya no estaba allí. Miré por la ventana y vi el reflejo de las luces traseras de su auto desapareciendo por la entrada.
A la mañana siguiente, Zairo actuó como si nada hubiera pasado. Cuando le pregunté dónde había estado, simplemente dijo:
—Asuntos del trabajo.
No quise presionarlo, pero una voz en mi interior me gritaba que algo no estaba bien. Decidí que no me quedaría de brazos cruzados. No podía ignorar esa sensación de que Zairo me estaba ocultando algo importante.
Pasaron tres días hasta que encontré la oportunidad perfecta. Esa tarde, Zairo anunció que saldría nuevamente. Su tono era casual, pero su postura y mirada hablaban de tensión contenida. Tan pronto como lo vi salir por la puerta principal, me dirigí a los guardias de seguridad de la casa.
—Necesito que me hagan un favor —les dije, adoptando un tono firme—. Quiero que sigamos a Zairo.
Los dos hombres se miraron, claramente incómodos.
—Señorita Keyra, no podemos hacer eso. Nuestro deber es protegerla aquí.
—Escuchen —dije, cruzándome de brazos—. No les estoy pidiendo que lo hagan por mí. Si Zairo está en peligro o si algo ocurre, ustedes serán los primeros responsables por no estar allí para ayudarlo.
Mis palabras parecieron tener el efecto deseado. Después de unos segundos, uno de los guardias asintió.
—Muy bien. Pero debemos ser discretos.
Nos subimos a un auto negro que estaba estacionado en el garaje. Desde ahí seguimos el rastro del vehículo de Zairo. Mantuve la vista fija en el camino, mientras mi mente corría con mil suposiciones. ¿Estaba involucrado en algo peligroso? ¿Había alguien más en su vida? Me odiaba por siquiera considerar esa posibilidad, pero las dudas eran como un veneno que corría por mis venas.
Después de una hora de viaje, llegamos a las afueras de la ciudad, a una zona rodeada de árboles y con pocas casas en los alrededores. El auto de Zairo se detuvo frente a una gran mansión que parecía abandonada. Las ventanas estaban cubiertas con tablas de madera, y la pintura de las paredes estaba descascarada. Apagué mi celular para evitar que algún sonido delatara nuestra presencia y me acerqué con los guardias a una distancia prudente.