Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Keyra Lombardi
Parte II
El auto avanzaba por las calles desiertas de la ciudad, iluminadas apenas por el parpadeo de las luces de los semáforos. Mis ojos estaban fijos en el paisaje que pasaba velozmente por la ventana, pero mi mente estaba atrapada en el presente: en el calor de su mano sobre mi pierna.
Había empezado como un roce casual, pero ahora su mano estaba ahí, firme, reclamando territorio, como si quisiera recordarme que él siempre sabía exactamente cómo desarmarme.
No le dije nada. No aparté su mano. Mi orgullo me pedía que lo hiciera, pero mi cuerpo se negaba a obedecer. El camino hacia mi apartamento parecía interminable, y al mismo tiempo, demasiado corto. Cada segundo en ese auto era una mezcla de tortura y anhelo.
Cuando finalmente llegamos, me apresuré a bajar, ignorando su mirada, esa mezcla de determinación y algo que no quería descifrar. Subimos en silencio hasta mi piso. El ascensor parecía un espacio demasiado reducido para lo que estábamos cargando entre los dos. Apenas cruzamos el pasillo, saqué las llaves y fui directa a mi puerta.
-Me quedo aquí -solté, sin mirarlo, mientras giraba la llave.
Antes de que pudiera cerrarla por completo, sentí la presión. Su pie estaba ahí, bloqueando mi intento de despedirlo. Me volví hacia él, dispuesta a lanzarle algo que pusiera fin a lo que fuera que estuviera intentando.
Quise alejarme, decirle que se fuera, pero sus manos me sujetaron con suavidad, justo lo suficiente para que no pudiera escapar sin hacer un esfuerzo consciente. Su cercanía era un recordatorio de todo lo que habíamos sido. Y de todo lo que habíamos perdido.
-Zairo, ella es... -comencé, tratando de armar las palabras que pudieran detener esto antes de que fuera demasiado tarde.
Él me interrumpió, inclinándose un poco más cerca, su voz un susurro grave que retumbó en mi pecho.
-Ella no eres tú.
Esas palabras lo cambiaron todo. Un escalofrío recorrió mi espalda, y de repente el aire en el apartamento se sintió más pesado. Lo miré, esperando que dijera algo más, que explicara lo que significaban esas palabras, pero no lo hizo. Solo me miró, como si con eso pudiera decirme todo lo que había estado callando.
-Keyra... -murmuró, su voz grave pero teñida de una vulnerabilidad que rara vez le había escuchado-. No sé qué carajo somos... pero no me importa.
Me quedé sin palabras. No había duda ni vacilación en su tono, solo una sinceridad que me golpeó como una ola inesperada. Mi corazón dio un vuelco cuando sus dedos trazaron pequeños círculos en mi espalda, como si estuviera tratando de calmar la tormenta que él mismo había desatado dentro de mí.
-Sigamos así -continuó, con los ojos fijos en los míos, como si estuviera rogando pero al mismo tiempo exigiendo-. Siendo esto, siendo nosotros. No me apartes. No después de todo lo que hemos hecho, amor.