Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
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Keyra Lombardi
11 de noviembre del 2018
El cielo se había oscurecido tan rápido que parecía que la noche había llegado antes de tiempo. Las nubes grises se arremolinaban sobre la ciudad, y un viento frío anunciaba lo inevitable. Sin paraguas ni abrigo adecuado, estaba condenada, pero no me importaba. Había tenido un día demasiado complicado en el trabajo, y caminar bajo la lluvia parecía una manera apropiada de terminarlo.
Las primeras gotas comenzaron a caer justo cuando doblé la esquina hacia mi departamento. No eran ligeras; eran gruesas y pesadas, y en cuestión de segundos, mi cabello y mi ropa estaban empapados. Sentí el agua deslizarse por mi rostro, pero seguí adelante, ignorando el frío que calaba mis huesos.
Había algo en el caos de la tormenta que resonaba conmigo. La lluvia lavaba todo: las preocupaciones, las tensiones, incluso el dolor que había mantenido enterrado durante tanto tiempo. Sin embargo, mi cuerpo pronto comenzó a temblar, y me di cuenta de que no podría llegar a casa antes de que mi situación empeorara.
Un claxon me sacó de mis pensamientos. Al voltear, vi un coche negro detenerse junto a la acera. La ventana se bajó, y ahí estaba él: Zairo.
-¿Qué demonios estás haciendo bajo esta lluvia? -preguntó, su voz firme pero cargada de preocupación.
-Caminando -respondí con simpleza, aunque mi tono probablemente delató mi testarudez.
Zairo se pasó una mano por el cabello, visiblemente frustrado, y luego abrió la puerta del copiloto.
-Sube, Keyra.
-Estoy bien, Zairo. No es necesario.
-No estoy preguntando. Estás temblando. Súbete al coche ahora mismo.
Su tono no dejaba espacio para discusiones, y aunque una parte de mí quería seguir caminando por pura rebeldía, otra parte más sensata sabía que no tenía sentido. Subí al coche en silencio, y el calor del interior me hizo estremecer.
Zairo encendió la calefacción y me miró de reojo mientras conducía.
-Solo necesitaba despejar mi mente -respondí, mirando por la ventana mientras la lluvia seguía golpeando el cristal.
Él no dijo nada más, pero podía sentir su mirada ocasional sobre mí. Cuando llegamos a mi departamento, Zairo apagó el motor y me miró fijamente.
-Keyra, no puedes seguir haciendo esto. No puedes seguir castigándote por cosas que no puedes controlar.
-No estoy castigándome.
-Sí, lo estás -dijo con suavidad, pero sus palabras golpearon como un martillo.
Sin responder, bajé del coche y corrí hacia la entrada. Sentía que sus ojos seguían clavados en mí incluso después de que cerré la puerta detrás de mí.