Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
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15 de noviembre del 2018
La sala estaba cubierta de sombras, con luces bajas que se reflejaban débilmente en las superficies metálicas. Una mesa redonda ocupaba el centro del cuarto, rodeada por tres sillas, las únicas piezas de mobiliario. Nadie hacía ruido, el ambiente era tenso, lleno de la tensión palpable que siempre antecede a un evento inevitable. Cada uno de nosotros sabía qué estaba en juego, aunque ninguno había dado aún el primer paso. Todos estábamos esperando.
El reloj en la pared hacía un tictac sonoro, marcando cada segundo como un recordatorio de la cuenta regresiva que había comenzado mucho antes.
—No podemos seguir esperando —rompió el silencio la voz de uno de ellos, suave pero clara. Su tono no era alto, pero cargaba con la certeza de quien tiene claro lo que se necesita hacer.
El segundo, más impaciente, se inclinó hacia adelante, mirando con los ojos penetrantes a los demás. Su rostro estaba tenso, los dedos apretando el borde de la mesa con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.
—Sabemos lo que tenemos que hacer, pero cada vez que nos acercamos, ella se mueve más rápido que nosotros. Como si siempre estuviera dos pasos adelante.
Me reí suavemente, una risa amarga que resonó en el aire tenso. El odio que sentíamos no podía ser más palpable, era como un veneno que se esparcía por toda la sala, impregnando el ambiente.
—Eso es lo que la hace tan difícil —dije, y los otros dos me miraron, sabían a qué me refería—. Ella nunca pierde. No importa lo que hagamos, parece que siempre tiene una respuesta, siempre sabe cómo salir airosa.
El silencio que siguió a esas palabras fue espeso, como si todos estuviéramos considerando lo mismo. Nos conocíamos bien, y sabíamos que, en algún momento, todo lo que habíamos planeado iba a estallar. Pero hasta ahora, cada intento había fallado. Ella siempre lograba burlar nuestros esfuerzos.
De repente, uno de los presentes, el más calculador de todos, levantó la mirada, como si hubiera encontrado una solución en su mente.
—Tenemos que atacar donde menos lo espere —dijo, su voz baja pero segura—. Ya ha demostrado que se protege bien, que tiene las defensas a su alrededor, pero si conseguimos dividirla, si la aislamos, será más fácil.
El tercero se cruzó de brazos, pensando por un momento antes de hablar.
—Dividirla, sí. Pero necesitamos algo más, algo que la haga caer de una vez por todas. La gente la ve como intocable, como una heroína, pero nadie sabe lo que realmente es. Nadie sabe lo que ha hecho para llegar allí.
La conversación se volvió más intensa. Cada palabra parecía cargada de odio y resentimiento, una frustración que se acumulaba con el tiempo. Yo sabía lo que estaba en juego. Habíamos estado planeando esto durante meses, cada uno de nosotros con sus propios motivos, pero siempre con el mismo objetivo: hacerla caer, demostrar al mundo quién era realmente.