Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
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Keyra Lombardi
La oscuridad de la noche se había apoderado de todo. Todo estaba en silencio, incluso el aire parecía contener la respiración. Pero entonces, una pesadilla comenzó a dibujarse en mi mente, lenta, pesada, como una sombra que se arrastra hacia mí.
Me encontraba en un lugar desconocido, frío y desolado, rodeada por paredes que se estrechaban cada vez más. El sonido de mis propios pasos resonaba en el vacío, y el eco me devolvía mi respiración agitada. No entendía por qué estaba allí ni cómo había llegado, pero el pánico se apoderaba de mí con cada paso que daba. Era como si algo, o alguien, me estuviera observando desde las sombras, esperando el momento adecuado para atraparme.
Intenté correr, pero mis piernas no respondían como quería. Mis pasos se volvían lentos, torpes, pesados, y el sonido de mi respiración se mezclaba con el latido acelerado de mi corazón. Podía sentir la presión en mi pecho, el terror envolviendo mi mente y mi cuerpo, como si todo estuviera a punto de colapsar.
Y entonces, de repente, lo vi. Una figura en la distancia, alta y sombría, caminando hacia mí. La luz parpadeaba sobre su rostro, pero no lograba distinguir sus rasgos. Solo sentía el miedo, como si mi cuerpo supiera que ese ser representaba el peligro, el secuestro, lo que tanto había temido.
El sonido de unos pasos que se acercaban rápidamente me heló la sangre. No pude moverme, no pude gritar, solo quedarme ahí, paralizada por el terror. Las sombras se alargaban, y la figura comenzó a acercarse más y más, hasta que sus manos se alzaron, listas para sujetarme. Sentí un sudor frío recorrer mi espalda, y el miedo me atravesó, como si ya no pudiera escapar de lo que estaba por suceder.
Pero en ese instante, algo ocurrió. Un grito. Un grito lejano, pero lo suficientemente fuerte para sacarme de mi trance. Y, de repente, las manos que me acechaban desaparecieron. Me desperté sobresaltada, con el corazón latiendo desbocado, mi cuerpo temblando, mi mente aún atrapada en la pesadilla que acababa de vivir.
El cuarto estaba oscuro, el aire frío, y el silencio solo era interrumpido por mi respiración entrecortada. No podía calmarme. No podía deshacerme de la sensación de estar atrapada en esa pesadilla que me había perseguido. Cerré los ojos, intentando relajarme, pero todo lo que sentía era una opresión en el pecho, como si el miedo se estuviera filtrando en mi realidad.
Fue entonces cuando escuché un ruido cercano, un sonido familiar, como si alguien estuviera acercándose a mi puerta. Me sobresalté, el miedo aún no se desvanecía, y no pude evitar pensar en lo peor. Sin embargo, antes de que pudiera darme cuenta de qué estaba sucediendo, la puerta se abrió suavemente.
Zairo apareció en el umbral, su silueta recortada contra la luz tenue del pasillo. Mi mente, aún atrapada en el eco de la pesadilla, no pudo evitar sentirse aliviada al verlo. Había algo en su presencia que me hacía sentir segura, aunque la vulnerabilidad seguía envolviéndome como una manta pesada.