Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
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Keyra Lombardi
20 de octubre del 2018
Parte I
Han pasado tres meses desde que Zairo llegó. Tres meses desde que su presencia volvió a alterar la rutina de mi vida, haciéndome cuestionar mis decisiones, mis sentimientos y mi futuro. Al principio, todo fue un caos: sus palabras, sus gestos, su manera de ocupar el espacio sin esfuerzo, como si siempre hubiera estado allí. No pude evitar sentir esa extraña mezcla de familiaridad y desconcierto cada vez que lo veía.
La música retumbaba en el aire, y yo estaba completamente perdida en el ritmo. Mi cuerpo se movía al compás de la melodía sin pensarlo demasiado, sin preocuparme por nada. La noche había comenzado como cualquier otra, pero el alcohol había dejado de ser solo un detalle, y ahora me nublaba la mente de una forma que no sabía si me gustaba o me asustaba.
La gente a mi alrededor reía, conversaba, pero yo solo podía concentrarme en el beat que me recorría todo el cuerpo, haciéndome olvidar cualquier preocupación. Las luces de colores se mezclaban con la oscuridad de la pista, creando una atmósfera vibrante, cargada de energía. Y allí, entre la multitud, me encontré con él.
Un desconocido.
Era un chico alto, con una sonrisa fácil y un aura despreocupada que me atrajo instantáneamente. Sin pensarlo, tomé su mano y, sin mediar palabra, comenzamos a bailar. Quizá era la bebida en mi sistema o la sensación de estar fuera de control, pero en ese momento no me importaba nada más que el ritmo que nos unía. Su cuerpo estaba tan cerca del mío que casi podía sentir su respiración en mi cuello, y el sudor de la pista se mezclaba con la energía de ambos. Me sentía viva, completamente ajena a todo lo que me rodeaba.
Me reí con él, disfruté el momento, como si nada más existiera, como si todas las tensiones y complicaciones que solían seguirme se desvanecieran en ese rincón oscuro del mundo. Al principio, todo parecía divertido. Pero algo comenzó a cambiar, una presencia a mis espaldas que me erizó la piel. No podía explicarlo, pero sentí una mirada fija en mí. Una mirada tan intensa que me hizo detenerme por un segundo.
Fue entonces cuando lo vi, parado a un lado de la pista, observándome. Zairo.
Mi respiración se cortó por un instante. No había duda de que me había visto. Su mirada estaba clavada en mí, y la expresión en su rostro no dejaba lugar a interpretaciones. Era como si todo el aire a mi alrededor se volviera denso, pesado. El desconocido continuó bailando conmigo, pero mis pensamientos estaban en otro lugar ahora. En Zairo. En cómo sus ojos no dejaban de mirarme con una mezcla de frustración y celos que, por alguna razón, me inquietó más de lo que debería.
Intenté concentrarme en el chico con el que estaba bailando, reírme y seguir el juego, pero algo dentro de mí no me dejaba hacerlo con la misma libertad de antes. La presencia de Zairo me había afectado de una manera extraña. ¿Por qué me sentía tan... expuesta? ¿Por qué su mirada me hacía sentir culpable, como si lo que estaba haciendo fuera algo malo, aunque solo estuviera disfrutando de una noche de fiesta?