Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Keyra Lombardi
06 de noviembre del 2018
El día comenzó como cualquier otro: una taza de café frío, mi laptop encendida y una lista interminable de correos que exigían mi atención. Desde que asumí la coordinación del proyecto Andrómeda, mis mañanas eran una carrera contra el reloj. En esta ocasión, el objetivo era confirmar las participaciones de las modelos principales. Después de varios intentos fallidos, Atenea y Hera finalmente respondieron. Un correo más, con toda la información para las pruebas de vestuario, y al menos un problema estaba resuelto.
El reloj avanzaba más rápido de lo que esperaba, y mi estómago rugió, recordándome que no había comido nada sólido desde la noche anterior. Dante, mi compañero en la oficina, ya me había advertido que no aceptaría un "no" como respuesta para el almuerzo. Así que, en lugar de excusarme, me uní a él.
Dante me esperaba en la entrada, apoyado despreocupadamente contra la pared. Alto, de al menos 1.83 metros, con una piel morena impecable que contrastaba con sus ojos azules, era imposible no notar su presencia. Su cabello oscuro siempre estaba perfectamente desordenado, como si acabara de salir de una sesión de fotos. Pero lo que más destacaba era su sonrisa: cálida, sincera y capaz de desarmarte en un segundo.
—Por un segundo pensé que ibas a cancelar otra vez —dijo, levantando una ceja. —No me lo habrías permitido —respondí con una sonrisa, ajustándome la bufanda mientras salíamos hacia el restaurante cercano.
Dante siempre elegía lugares pequeños y acogedores, con comida casera y una atmósfera relajante. Esta vez no fue diferente: mesas de madera pulida, una decoración sencilla y el aroma tentador de hierbas frescas flotando en el aire. Nos sentamos junto a una ventana, y mientras él pedía pasta, yo opté por una ensalada ligera.
—¿Eso es todo lo que vas a comer? —preguntó, mirando mi plato con desaprobación. —No tengo mucho apetito últimamente —admití, jugando con el tenedor. —Entonces saldremos por un café después del trabajo. Te hace falta un respiro. —Lo dijo con esa facilidad suya para hacer que cualquier cosa sonara como la solución perfecta.
Mientras comíamos, la conversación giró hacia su vida, algo que siempre me fascinaba escuchar. Dante tenía una forma de contar historias que te hacía sentir como si estuvieras viendo una película.
—¿Sabías que Henryk quiere que adoptemos un gato? —comenzó, hablando de su novio con un brillo en los ojos. —Dice que nuestra casa necesita una "presencia felina". —¿Y tú qué opinas? —pregunté, curiosa. —Creo que ya es suficiente lidiar con él cuando se pone terco. Ahora imagina un gato igual de obstinado. —Rió, pero su tono era tan cariñoso que quedaba claro cuánto amaba a Henryk.
Dante y Henryk llevaban tres años juntos. Henryk era arquitecto, con un espíritu meticuloso que complementaba la espontaneidad de Dante. Habían comprado una pequeña casa en las afueras de la ciudad, y aunque Dante bromeaba sobre los "dramas de pareja", era evidente que habían encontrado un equilibrio que funcionaba para ellos.