Capitulo treinta y uno

857 61 12
                                        

Keyra Lombardi

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Keyra Lombardi

Los días pasan lentamente, como si el tiempo se hubiera detenido en este lugar, atrapándome en su espiral de dolor y desesperación. Cada amanecer y cada atardecer son solo una repetición interminable, sin significado, sin propósito. El aire parece más denso, como si todo lo que me rodea estuviera apretándome, presionándome hasta que no puedo respirar.

Y en mi mente, una y otra vez, regreso a las palabras de Chloe. "No eres mi hija." Esas palabras retumban en mi cabeza, martillando mi cerebro, llenando cada rincón de mi ser. Mi madre mi verdadera madre, esa que pensé que estaba viva, ya no lo está. Ella se fue, y Chloe, la mujer que siempre creí que era mi madre, no lo es. Chloe es mi tía. La verdad me golpea con más fuerza que cualquier otro dolor. Todo lo que había creído conocer sobre mi vida, sobre mi identidad, se desmorona frente a mí como castillos de arena arrasados por las olas.

Lo que más me duele es no saber nada de mi madre biológica. ¿Por qué nunca me dijeron la verdad? ¿Por qué Chloe nunca me lo contó? La rabia se mezcla con el dolor, pero también hay un vacío profundo. El dolor de perder a alguien a quien pensaba que conocía, pero que en realidad no lo era.

Mis pensamientos se desvían hacia Zairo. A veces, en mis momentos más oscuros, su imagen aparece en mi mente como una luz tenue, un recuerdo distante de tiempos mejores. Pienso en él, en la promesa que compartimos, en lo que dejamos atrás. Pero ahora, con todo lo que ha pasado, esa promesa parece lejana. No sé si él estará pensando en mí, si estará buscando respuestas. Quizá se haya olvidado de mí, quizá haya seguido adelante. Pero en lo más profundo, todavía hay una pequeña chispa de esperanza de que algún día pueda verlo nuevamente.

La puerta se abre de repente y me sacan de mis pensamientos. Es Jacob. Su presencia me pone tensa al instante, y noto el mal humor que emana de él. Se acerca a mí con pasos rápidos y furiosos, su rostro arrugado por la ira.

—¡Por tu culpa me despidieron! —su voz es baja, pero las palabras caen como una bomba, retumbando en mi pecho.

No sé qué responder, no sé qué decir. Todo lo que siento es miedo, una sensación profunda que me congela por dentro. No me atrevo a hablar, no me atrevo a mirarlo a los ojos.

Jacob avanza hacia mí, y sus palabras se vuelven más amenazantes.

—Ahora verás si de verdad eres buena en la cama —murmura, mientras se acerca más, su rostro tan cerca del mío que puedo sentir su aliento en mi piel.

Intento retroceder, intento alejarme, pero no puedo. Me siento atrapada. Y antes de que pueda reaccionar, sus manos me rodean, sujetándome con fuerza. Lo empujo con todas mis fuerzas, pero él es más fuerte, más rápido. No lo consigo. Él no se detiene. Me besa a la fuerza.

El sabor de su boca me resulta repulsivo. Mi cuerpo se resiste, lucho, pero él me sostiene con más firmeza. Intento empujarlo, rasgarlo, gritarle, pero todo es inútil. La rabia me consume, pero también el miedo. Un miedo profundo de no poder escapar.

IndelebleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora