Libro I
Nombre de antes DESTINATI A STARE INSIEME
La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstanc...
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Keyra Lombardi
Hace tiempo, las fiestas de Navidad y Año Nuevo eran los momentos más felices de mi vida. Me viene a la mente el recuerdo de cómo Arche y yo solíamos armar el árbol juntos, mientras Chloe nos observaba con esa mirada crítica que siempre dejaba claro que yo no estaba a la altura de sus expectativas. Aun así, esos momentos tenían algo especial. Mi padre, Paulo, siempre encontraba la manera de hacerme sentir querida, incluso cuando el ambiente se volvía pesado.
Hoy, mientras estoy sentada en el sofá de mi casa, el bullicio en la cocina me trae de vuelta al presente. Axel y Enya están allí, charlando y riendo. Decidieron venir a visitarme para pasar el rato, y aunque no tenía muchas ganas de compañía, su presencia se siente como un alivio.
—¿Podrías dejar de picar los dulces? —dice Enya desde la cocina, con una sonrisa en los labios mientras sostiene un cuchillo y apunta a Axel.
—¿Y cómo voy a saber si están buenos? Esto es por el bien de todos —responde Axel, con una exagerada expresión de indignación que me hace reír.
—No engañas a nadie. Solo quieres comértelos —replica Enya, llevándose una mano al vientre, donde su embarazo es evidente.
—Bueno, ¡el crío también necesita probarlos! Es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer. —Axel guiña un ojo hacia mí—. ¿Verdad, Keyra? Dime que estás de mi lado.
—No pienso meterme en esto. Ambos son igual de tercos —respondo, riendo mientras me acomodo mejor en el sofá.
Enya se acerca con una bandeja de galletas recién hechas y la coloca en la mesa frente a mí.
—Bueno, entonces tú decides. ¿Axel debería seguir comiendo los dulces antes de que termine de prepararlos? —pregunta, divertida.
Miro a Axel, que me lanza una mirada suplicante mientras ya tiene una galleta a medio camino hacia su boca.
—Creo que voy a tener que quedarme del lado de Enya esta vez. Lo siento, Axel.
—Traición —dice Axel, llevándose una mano al corazón como si estuviera herido—. Pero entiendo, la democracia es cruel.
—¿Y cómo te sientes, Enya? —pregunto, cambiando el tema mientras tomo una de las galletas.
—Bien, aunque algo cansada. Pero Dareen ha estado sorprendentemente atento —dice, rodando los ojos—. Flores, chocolates, dulces, como si eso fuera a compensar todo lo demás.
—¿Todo lo demás? —Axel levanta una ceja mientras toma asiento a mi lado.
Enya suspira y acaricia su vientre.
—Bueno, no es que sea un santo. Pero al menos está intentando hacer algo. No esperaba que tomara tan en serio esto del embarazo. Aunque, para ser honesta, todavía no estoy segura de cuáles son sus verdaderas intenciones.