Sam
Me paralicé por unos segundos, como no le hice caso a las señales de la profesora ella vino por mí. Me volvieron a llamar por el micrófono, porque yo no me acercaba.
—Sam te están llamando. —Ella me sostuvo de la mano y las luces comenzaron alumbrarnos.
—Profesora esto es difícil de asimilar —me detuve porque me sentía insegura.
—¿Por qué crees que te insistí tanto para que no te vayas?
—Yo pensé que quería hacerme sentir mal—tenia los ojos llorosos.
—Ya anda rápido que te están esperando.
Fui caminando despacio, me subí al escenario: el rector y las demás autoridades se acercaron a entregarme los certificados. Ellos se tomaron fotos conmigo y me entregaron dinero en efectivo en un sobre. El animador se acercó y me dio su micrófono.
—No sé cómo empezar. Estoy sorprendida, jamás pensé que aquellos escritos que hice por aburrimiento llegarían a esto. Gracias, gracias de todo corazón.
Todos se pusieron de pie y me aplaudieron.
Después que se terminó el programa, Carls estaba esperándome afuera: eran las 6 de la tarde. El estaba con su uniforme, ya había empezado las clases.
—Hola Sam ¿Qué te pasa, porqué estas con esa cara?—pregunto el.
Atrás, se encontraban mis enemigas y se entrometieron en la conversación.
—Sabías que nuestra compañera se va a quedar de año —comentó Allis.
—¿Eso es cierto? —me preguntó Carls, preocupado.
—Es la peor estudiante, y mi amiga Allis es la mejor de todas —agregó Valery.
—Si, además aparte de bonita es inteligente, no como Samanta —alegó Ema.
—Saben qué... ya me harté —volteé a mirarlas, pero Carls me sostuvo.
—No les hagas caso, contrólate sí —susurró él, y Allis se rió a carcajadas.
—¿Qué me vas a decir? Yo no te tengo miedo, rarita —respondió Allis.
—No tientes a mis demonios —murmuré.
—No seas ridícula. —Ella me quito desprevenida los certificados que tenia en la mano, los tiro al suelo y los pisó.
—¡Oye, que te pasa! —El la alejo para que deje de pisar mis certificados—. Ya basta, dejen de portarse mal con ella —replico Carls.
Yo me agaché de inmediato a recoger los certificados y en el suelo había un bolígrafo, lo agarre y sin pensarlo dos veces le incruste el bolígrafo por debajo de la clavícula.
Ella comenzó a gritar del dolor, y la sangre recorrio por su pecho.
—¿Samanta qué hiciste? —pregunto Carls asustado—. Ya vamos sube al auto antes que vengan los profesores.
Ella comenzó a quejarse, y casi se desmaya, pero no sentí lástima por ella porque consideraba que se lo merecía.
—Si sigues fastidiándome, la próxima vez te la clavo en el ojo —la señale con el dedo y ella me observó asustada.
—Ya sube al auto—replico el.
A penas me subí, el acelero el auto para huir.
—¿Por qué hiciste eso? —me pregunto con decepción.
—No viste lo que ella me hizo —dije en voz alta.
—Pero esa no es la manera, te puedes meter en problemas —sugirió con tranquilidad.
—Yo me he controlado bastante, no podía dejarle pasar eso —conteste con ira.
—¿Clavarle un bolígrafo? ¡Podías haberla matado!
—¡Deja de conducir!
—¡No, no lo hare!
—!Puta madre, deja de conducir! —le agarre el volante y el tuvo que parar el auto—.
—¿Por qué me gritas de esa manera? —me pregunto.
—Jodete — le dije mientras me bajaba del auto.
—Samanta ¿Qué haces? —Él se bajó también, y me persiguió—.No me hagas esto, hablemos te lo ruego.
Me detuve y voltee a mirarlo con desprecio.
—Escucha bien lo que te voy a decir...
—Tranquilízate, ni siquiera te estoy faltando el respeto para que me grites así.
—Escúchame bien, te dije porque esta es mi ley. Si me lastimas tu dolor será triplicado y si me traicionas seré peor que el mismo judas.
—Por favor, sube al auto para llevarte a casa —él me abrazó para calmarme—, yo te amo tal y como eres —agarró mi mano—. No debes pensar así, el karma existe y no debes envenenar tu corazón con odio. —Él besó mi frente con delicadeza, calmando por completo mi mal humor—.
***
Alfonso
—No te entiendo, Isell ¿Cómo es que una mujer como tú prefiere estar paseando en el parque?
—Cuando vivía en otra ciudad, solo hacía frío, por eso prefiero venir aquí.
—¿Qué ha sido de tu madre?
—No sé nada de ella. Haz de cuenta que soy huérfana.
—No digas eso, yo me crié con mi abuela y no digo que soy huérfano.
—Casi no veo a mi padre, solo pasa trabajando.
—Mejor vamos a la playa un rato.
—¿Ahora? ¿Y así con esta ropa?
—Una hora a velocidad máxima —propuse.
Cuando llegamos a la playa, eran las siete de la noche.
—Dijiste que solo una hora nos tomaría.
—Lo siento, pero quería pasar momentos contigo.
—Tengo que admitir que es la primera vez que vengo a la playa de noche. —Ella se quitó los zapatos y caminó alrededor de la arena.
—Vamos al mar.
—¡No, qué frío!
—Ven por aquí.
La cargué desprevenida y corrí para lanzarla al mar.
—¡Hace mucho frío!
—Qué hermosa te ves —suspiré.
Ella se subió encima de mí para hundirme en el agua.
—¿Cómo puedes haber dañado uno de tus mejores trajes solo para tirarte al mar y llegar hasta aquí?
—Sé que no duraremos mucho en este lugar... es muy tarde, pero al menos quiero que la vista al mar permanezca siempre en tus recuerdos.
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Almas Destinadas
RomansaSam, una joven con un pasado tormentoso en el amor, decide escribir un libro para escapar de sus problemas y sumergirse en una realidad ficticia. Sin embargo, pronto descubre que sus historias tienen un efecto inesperado en su vida real ¿Podrá Sam e...