Sam
Fui arrastrada a prisión sin ser culpable de nada; mi única búsqueda era la justicia por la muerte de Sasha. Me sentía miserable por haberla abandonado debido a las malditas terapias del psiquiatra. Mis lágrimas eran una tormenta de dolor aparentemente interminable. Mi corazón, roto y exhausto de intentar cambiar el pasado, estaba atrapado en el constante miedo que se apoderaba en de mí. Empecé a sentir que ya no pertenecía a este mundo, marcada por mi imperfección y debilidad emocional.
En mi desesperación, me aferré a la creencia de rogar a Dios para aliviar mis lágrimas, sabiendo que Él observaba desde algún lugar y sintiendo al menos una fracción del dolor que me atormentaba. Mi pequeña felina no murió a causa de una enfermedad, sino por una muerte provocada. La aceptación de su pérdida, sin siquiera saber dónde descansaba su cuerpo, me resultaba inolvidable. Mi vida era tan desgraciada que me encontraba entre cuatro paredes oscuras, con sábanas manchadas de sangre, como si fuera una paria merecedora de tal castigo.
Gritaba entre esas cuatro paredes, queriendo morir mil veces, mientras todo a mi alrededor se rompía porque sentía que agonizaba, que la vida se me escapaba. Nadie parecía escucharme, empecé a pedir perdón una y otra vez para liberarme del karma, pero nada lograba calmar mi angustia. Fue entonces cuando mis ojos se posaron en unas cámaras de seguridad y la silla podrida que me habían dado como cortesía.
―Hijos de puta, si no vienen a verme voy destruir todo―exclame amenazando con la silla.
Cuando estaba por lanzar la silla se acercaron dos guardias de seguridad.
―Cálmate niña o te vamos a internar.
―Abre la maldita puerta o te juro que...
―No me amenaces, que no estas en oposición de hacerlo.
―Yo no tengo que estar aquí, joder.
―Pues fíjate que te has metido en un tremendo problema
―¿Cual es el problema?
―No te lo voy a decir, mereces todo lo que te esta pasando.
―¿Yo merezco esto?―grite.
El me apunto con el arma.
―¡No me grites!
―Oye esto ya es demasiado ―le dijo el otro guardia.
―¿Crees que te tengo miedo? ―le sonreí sin bajar la mirada con lagrimas en los ojos.
―Yo de ti si lo tuviera, porque ahora tus padres se quedaran en la calle por destruir el auto carísimo del Señor Walls.
Me acerque a las rejas y tome la mano del guardia.
―¡Mátame, mátame!, no tengo ninguna razón para vivir, todos mis sueños se desvanecieron, perdí a Carls, perdí a mi hermano ¿Qué mas falta?, no tengo nada, perdí a Sasha, la única que me consolaba cuando lloraba.
El bajo el arma y yo me arrodille.
―Eres una niña, tiene que haber una solución —se entrometió el otro guardia.
―¿Por que no me mataste? ¿O acaso ni eso merezco?
―Mañana saldrás libre, pero la deuda de tu madre será muy grande. No debiste meterte con alguien que tiene poder.
―El poder...
―Algo que no tienes y si sigues pensando así jamás lo tendrás.
―Comisarios, vengan todos ―expreso otro policía que se apareció por detrás de ellos.
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Almas Destinadas
RomanceSam, una joven con un pasado tormentoso en el amor, decide escribir un libro para escapar de sus problemas y sumergirse en una realidad ficticia. Sin embargo, pronto descubre que sus historias tienen un efecto inesperado en su vida real ¿Podrá Sam e...