Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
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Alexia entró a trompicones en su habitación de hotel y encendió todas las luces. Maldijo por lo bajo. Aún no había tirado el maldito ambientador de lavanda.
Agarrándose a los marcos de las puertas, la rubia se arrastró hasta el baño, tratando de recuperar el aliento. Se echó agua en la nuca de forma abundante y cerró los ojos con fuerza antes de mirarse directamente en el espejo. ¿La había visto de verdad? ¿Se la había imaginado? ¿Había Irene pronunciado realmente su nombre o había terminado de perder la cabeza?
Alexia había hablado con ella millones de veces durante los dos años que se lo permitió, encerrada en una habitación a oscuras con el estómago demasiado entumecido por el abandono como para digerir nada. Sabía de memoria cómo funcionaba su cabeza, los chistes que haría, las cosas que le haría gracia si ella le decía. Podía escuchar su risa perfectamente clara en su cabeza, podía escucharla susurrándole que la quería antes de dormir.
Se había abrazado de nuevos buenos momentos a su lado que nunca habían existido, pero también había discutido, le había gritado, le había pedido explicaciones y había inventado para Elena mil excusas, mil explicaciones que la hicieran sufrir todavía más, teniendo la esperanza de que si conseguía odiarla lo suficiente conseguiría levantarse de la cama.
Tiró de la cremallera del vestido haciendo que cayera ligeramente por sus hombros. Se echó esta vez agua en la cara. Necesitaba espabilar, volver a sí misma.
¿Era siquiera posible que Elena hubiera estado allí? ¿Había Elena existido siquiera alguna vez fuera de su cabeza? No lo podía asegurar. La Elena que ella conocía, el amor de su vida jamás la hubiera dejado. Ella le dijo que estaría siempre. Y Elena nunca le hubiera mentido así. ¿La había engañado todos esos años? ¿Se había dado cuenta de que ella no merecía la pena?
Negó con la cabeza, no podía volver a ese bucle, no podía volver a pensarla, a rogarle, a llorarla. Debía enterrarla de nuevo. Aquella mujer no era Elena, no podía serlo. No lo era.
«Ale» La oía. La estaba oyendo claramente. Era su voz. No podía creerse que todavía la recordara, que pudiera escucharla en su cabeza.
«Amor» Que pare. Necesitaba que parase. Volvió a echarse agua en la cara, dejando que el maquillaje se le corriese por la piel. Se miró a los ojos en el espejo y trató de volver al lugar en el que estaba en aquel preciso momento.
— Soy Alexia Putellas Segura. Soy entrenadora de fútbol en el Mollet. Era futbolista. Estoy en un baño de una habitación de hotel en Zaragoza.
«Alexia» No.
—Soy Alexia Putellas Segura. Soy entrenador de fútbol en el Mollet.
«Ale, ¿estás bien? ¿Me lo juras?»
—Era futbolista. Estoy en un baño de una habitación de hotel de Zaragoza. Soy Alexia Putellas Segura. Soy entrenadora de fútbol en el Mollet. Era futbolista. Estoy en un baño de una habitación de hotel en Zaragoza. Soy Alexia Putellas Segura.