Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
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Elena se quejó cuando Alexia se removió bajo las sábanas, alejando su cuerpo del suyo. Aún dormida, con la boca entreabierta, se aferró con más fuerza al colchón. Alexia ya despierta la observó en silencio unos segundos.
La asturiana descansaba con una mano apoyada en su propio abdomen, su cabello revuelto sobre la almohada. La rubia sonrió para sí misma, con una ternura que pocas veces se permitía exteriorizar de forma tan evidente.
Respirando la calma de la mañana que se había instalado en la habitación y alrededor de su cama de noventa, se inclinó, rozando con la yema de los dedos la piel desnuda de su espalda. Un roce ligero, casi inexistente.
—Para ya. —gruñió Elena, sin abrir los ojos, su voz pastosa por el sueño.
Alexia sonrió, disfrutando demasiado de la oportunidad de molestarla.
—No estoy haciendo nada.
—Estás mirándome demasiado fuerte.
La catalana soltó una risa suave antes de bajar la cabeza y besarle el hombro con lentitud.
—No es culpa mía si tengo muchas cosas que admirar.
Elena abrió un ojo con fingida sospecha, pero la sonrisa que empezó a curvarle los labios la delató. La catalana no apartó los labios de su piel.
—Qué manera más tonta de decir que estoy buena.
Alexia no negó nada. Sólo se rió, enredando una pierna con la suya bajo las sábanas, acercándose más. Había algo en el calor compartido entre sus cuerpos, en la manera en la que encajaban sin esfuerzo, que le hacía querer permanecer ahí todo el día.
—Si sigues despertándome así, voy a tener que quedarme en la cama para siempre.
—No veo el problema.
—El problema es que, si nos quedamos aquí, te van a echar de la selección por abandono de tus funciones.
Alexia hizo un ruido despectivo contra su piel. Volviendo a ocuparse de recorrerla con sus labios, cada vez más cerca del cuello.
—Me lo perdonarían. Acabamos de llegar a la semifinal por primera vez.
Elena soltó una risa ronca, entre sueño y diversión.
—Eres una descarada.
Alexia dejó escapar un suspiro exagerado, como si estuviera considerando seriamente la idea de quedarse en la cama para siempre.
—¿Sabes? Podría renunciar a todo por esto. —murmuró, dejando un beso en la curva del cuello de Elena—. ¿Qué son unos cuantos trofeos comparados aguantarte tratando de echarme de la cama todas las mañanas?
Elena soltó una risa entre dientes, todavía con los ojos cerrados, secretamente disfrutando de las atenciones que su novia estaba poniendo en su cuerpo.