Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Elena esperaba de brazos cruzados junto a la sala de reuniones que había sido alquilada para la ocasión. Podía asegurar que había llegado la primera, más de una hora antes. Después del aviso había sido incapaz de esperar en el nuevo piso que NOVA había encontrado para ella.
Se encontraba repasando algunos documentos en el pequeño salón de su apartamento, que también compartía espacio con su comedor, cuando un mensaje de difusión de la federación apareció en su pantalla: Alexia Putellas [15:33]: A las 18:00h Torre Barceló. Sala 5.
No podía negar que había pensado en llamarla en aquel mismo momento, su contacto había estado desplegado en la pantalla de su teléfono por lo menos un par de minutos, pero se levantó y se apresuró a caminar hasta su habitación para cambiarse de ropa.
No era propio de la entrenadora convocar las reuniones, no era su tarea en la federación y por lo que podía ver, continuaba tomándose la justicia por su mano y tomando sus propias decisiones. Y aunque estaba preocupada, siempre había pensado que esas mismas decisiones a la espalda de los demás solían ser bastante acertadas.
Alexia, la pequeña, estaba en Oviedo. Xénia había ofrecido a la asturiana su apartamento mientras encontraba algo más permanente y, aunque la idea de compartir piso con ella la acercaba a esa imagen universitaria que tantas veces habían imaginado en el colegio, todavía quedaba mucho por hacer en Madrid. Aún así, David accedió y Lexi fue matriculada en un colegio de la capital asturiana.
Quince minutos antes de la hora en la que las personas que ya comenzaban a acumularse alrededor de la sala 5 del hotel Barceló habían sido citadas, Alexia Putellas apareció por la entrada acompañada por Ana-María Crnogorčević, pocas horas de sueño y una pequeña maleta. Pero sobre todo, lo que más llamó la atención en la chica de la mirada de mil colores, fue el ojo morado que la catalana insinuaba debajo de unas gafas de sol.
Elena Garay recorrió los metros que la separaban de las dos exfutbolistas en tres enormes zancadas, dejando los tres escalones del cambio de altura atrás de un pequeño salto.
—¿Estás bien? —preguntó tomando el rostro de la entrenadora con la mano derecha y retirando con delicadeza las gafas de sol con la izquierda—. ¿Quién te ha hecho esto?
Alexia no iba a responder. Podía saberlo perfectamente viendo la mirada decidida con la que observaba la puerta de la sala de reuniones. Apostaría a que acababa de llegar directamente del aeropuerto.
Mientras la catalana apartaba con cuidado la mano de Elena de su mandíbula, la asturiana se volvió hacia la otra rubia para exigir más explicaciones.
—¿Qué es lo que ha pasado?
Alexia continuó andando de camino a la puerta. A la suiza no le fue permitido.
—Rubiales.
Elena abrió mucho los ojos.
—¡¿Qué?! —Boqueó un par de veces mientras Ana-Mari trataba de seguir caminando con bastantes dificultades—. ¿Por qué?