Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
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—Por supuesto, Elena. No tienes que preocuparte por nada. Nos encargaremos de todo.
Elena respiró como si no lo hubiera hecho en los últimos días.
—Gracias. Gracias, Irene, de verdad.
No le gustaba la idea de sentirse dependiente. Le gustaba tener su dinero, su futuro, sus ideas y sus planes, pero la vida se le había complicado demasiado. El traje que llevaba encima en aquel mismo momento era el último que le quedaba por estrenar para una ocasión como aquella.
Como esperaba, Irene Lozano no había dudado. Elena sería trabajadora de NOVA y lo más importante, asalariada de NOVA. En los papeles aparecería el nombre de la organización, un buen sueldo y las libertades y ventajas de conciliación que cualquiera pudiera desear. Más que suficientes para presentar en el juzgado.
Miró entonces en dirección a su hija, que se entretenía como podía, corriendo de un lado a otro en los pasillos, mientras Xénia la observaba con pesadez, cansada de perseguirla por los suelos de mármol y evitando que se colara en salas donde podría destrozarlo todo. En algún momento desistiría, como ella había hecho años atrás. No se podía calmar a su hija, era simplemente un terremoto.
—Te presentaremos hoy, delante de todos los asistentes. Será un bombazo —Se emocionó su ahora jefa—. Han empezado a atacarnos directamente. Ya saben que estamos aquí —Elena se apresuró a negarse, siendo interrumpida por ella—. Lo has estado haciendo increíble, absolutamente increíble. Ahora tenemos apoyos importantísimos. Sólo tenemos que organizar las ofensivas y descubrir quién ha sido el malnacido que te ha delatado —espetó—. No te preocupes —dijo, poniendo un brazo sobre su hombro—, sabíamos que este tipejo tenía ojos en todas partes.
Podía oír a todos los invitados deslizándose en el interior del salón que habían escogido para esa ocasión, para aquella reunión en Madrid a la que ella no debía asistir, lo había dejado claro. Se había acercado a hablar con Irene y demás dirigentes de la organización, se le había proporcionado un pequeño apartamento en la capital hacía apenas una hora y los papeles estaban en marcha. Tan sólo debía volver a Liverpool antes de que David decidiera aparecer por la casa e iniciar el proceso de divorcio.
—En realidad, debería irme ya.
—Te mereces una ovación por todo lo que has conseguido —apuntó—. Déjame darte eso.
Elena negó. Sabía lo que Irene pretendía, se conocían lo suficiente como para saber que quería animarla después de todo lo que le había contado que había sufrido en los últimos días. El trabajo era lo que más feliz la hacía sentir, lo que le devolvía la seguridad en sí misma. Lo que Irene Lozano no sabía es que la razón de que Elena se negara a asistir no era modestia, ni tristeza. Era vergüenza.
—Podríamos hablar de tu posicionamiento, de los siguientes pasos y cómo solventar tu situación.
—Te agradecería mucho que pudiéramos hacerlo en privado.