Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
Hola! Primero de todo quiero que penséis, si habéis visto "Cómo conocí a vuestra madre" en el capítulo de la cuenta regresiva para cierta cosa con Marshall (por si acaso). No porque vaya a pasar lo mismo SINO PORQUE SE ACABÓ LA FELIDIDAD
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En aquel preciso momento, con su cabeza apoyada en el abdomen, los dedos perdidos en su pelo y su cuerpo entre las piernas como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar, Alexia Putellas sentía que lo tenía absolutamente todo. La chica de los ojos policromáticos llevaba cerca de hora y media perdida en la última novela que había se había hecho con el Premio Hammett mientras ella se limitaba a sostener el suyo con su mano libre, echándole efímeros vistazos al párrafo en el que llevaba anclada unos quince minutos.
Resultaba extraño que algo que parecía tan natural fuera al mismo tiempo tan frágil.
Se sentía en una pequeña cúpula de cristal, llena de sonidos relajantes, temperatura agradable y olor a salitre. Recolocaba un mechón de su pelo, interrumpiendo de nuevo su lectura como si allá afuera, en la vida real, no hubiera un nuevo problema esperando a que llegaran para explotar. Un día más de paz.
La brisa que entraba por la puerta abierta arrastraba olor a mar y madera caliente. El brazo derecho de la asturiana caía hacia atrás, sobre su hombro. Sus dedos, de vez en cuando, bajaban ligeramente por su nuca, sin intención clara, pero con la ternura que le aflojaba el pecho. Era difícil saber si la caricia era consciente o no. Pero daba igual. El efecto era el mismo.
El Sol que se filtraba por la ventana las iluminaba a ambas de manera desigual, permitiendo a la rubia observarse a su lado en la pared, deleitándose con sus siluetas enredadas. Alexia podía sentir el vaivén de su respiración. Subía y bajaba. A veces, cuando algo en la novela la sorprendía, se detenía una fracción de segundo más de la cuenta. Luego, continuaba como si nada. El sonido de las páginas, deslizándose entre las yemas de sus dedos, chocando unas contra otras, doblándose y moviéndose tenía algo hipnótico. Alexia deslizó el dedo índice suavemente por el lateral de su rostro. Ella no se inmutó. Pasó otra página.
Fue consciente del roce de sus uñas cortas contra su cuello, jugando con lo que podía rozar de su piel con su espalda sobre ella. De cómo el calor de su cuerpo le abrigaba el estómago. De cómo cada parpadeo de aquella chica medía el tiempo en aquella habitación sin relojes, ni horas, ni tiempo en sí mismo. Veintitrés horas más de paz.
Elena se había levantado a las diez de la mañana. Su reloj biológico había funcionado con una mucho mejor eficiencia que el de su novia, que continuaba aferrada a las sábanas y con la cabeza hundida en la almohada. Ni siquiera había tenido que deshacerse de sus brazos, que se agarraban a uno de los cojines en lugar de a ella. La morena la miró con recelo.
Alexia se levantó horas después, con el desayuno servido y, compensando el frío despertar de la mayor, del que ni siqueira era consciente, envolviendo su cuerpo con sus brazos y la colmándola de besos antes de alejarse con unas tostadas de aguacate.