XLV

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Había una extraña conexión entre Elena y las estaciones, pues siempre que volvía a verla después de unas largas vacaciones coincidía con los primeros días de verdadero frío de enero o el calor del verano tardío de septiembre

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Había una extraña conexión entre Elena y las estaciones, pues siempre que volvía a verla después de unas largas vacaciones coincidía con los primeros días de verdadero frío de enero o el calor del verano tardío de septiembre. Siempre que olía a verano, que olía a invierno, Alexia no podía evitar recordarla. Y aquel día 25 de mayo, anormalmente frío en Manaus, a la rubia le había olido a invierno.

Quería centrarse en el entrenamiento, aunque tan sólo se tratara de una toma de contacto. Ellas estaban haciendo su mejor esfuerzo y merecían lo mismo de su entrenadora, que no podía estar tan distraída ante el hecho de que la directora deportiva se pasease de un lado a otro del campo apuntando en una libreta de anillas.

Aquello de dejar a la asturiana pasar la noche en su habitación debía terminar. No sólo era cero profesional, sino que también tenía que aguantar los comentarios jocosos de Lola Gallardo haciéndolo todavía mayor de lo que ella quería verlo.

No podía permitírselo.

Alexia tenía demasiado en la cabeza como para ponerse a jugar con fuego. No sabía cómo podía reaccionar. Su cuerpo todavía se tensaba al tenerla cerca, sentía las réplicas del terremoto que había causado en su vida años atrás. No podía simplemente borrarlo de su mente y volver a enamorarse de ella como si nada hubiera pasado. Dejarla dormir en su cama era lo opuesto a mantener la distancia prudencial que el sentido común le pedía, ¿pero qué podía hacer? A veces se sentía incapaz de decir que no, soportando la ansiedad de compartir su espacio a cambio del éxtasis de fingir que todo era como antes por un par de horas. Aquello terminaría con ella en un momento u otro.

—¡Muy buen trabajo este primer día, chicas! —dijo una vez terminó el entrenamiento al que poco caso había hecho.

Podría hacer un mapa de calor mental de las zonas del campo que había pisado la asturiana, pero no podía recordar qué pretendía conseguir de aquel último ejercicio. Otro motivo más para terminar con las distracciones.

—Laura, Salma —Las llamó. Ambas detuvieron su paso y esperaron a que la seleccionadora se acercara a ellas—. ¿Podéis quedaros un rato más? Tengo algunas cosas que comentar con vosotras.

Laura no tenía ni la experiencia, ni la edad, ni probablemente la técnica para destacar en un equipo como aquel, pero estaba en él por un motivo muy claro, uno que Alexia aprovecharía muy bien después de dar la cara ante la decisión de haber traído a una joven en su primera temporada en la élite.

Sabía muy bien que, teniendo equipos preparados para jugar contra todas sus jugadoras tanto individualmente como de forma colectiva, una sorpresa como Laura Mestre podía sacarlas de un apuro; pero la catalana no podía jugar sola y el equipo debía estar preparado para colaborar cuando la presencia de la delantera fuera necesaria.

Las tres llegaron media hora más tarde al hotel que el resto de jugadoras, que en su mayoría, ya duchadas, se acumulaban en las zonas comunes del hotel, que había dispuesto algunos entretenimientos para ellas de mano de los patrocinadores.

Volver a casa || Alexia PutellasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora