Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
A pesar de la preparación, de las sesiones interminables de tácticas, los vídeos de las rivales, los múltiples entrenamientos y la victoria contra Inglaterra, Alexia estaba nerviosa. Se sentía de igual manera que con Corea del Sur, sobradamente preparada, con un equipo muy superior tanto en técnica como en condición física, ¿pero y si todo volvía a salir mal? No había segunda oportunidad esta vez. Si fallaban, se irían a casa.
Estados Unidos e Italia ya estaban fuera, dos nombres muy sonados, uno por tradición y otro por el gran equipo joven que se estaba formando. España podría ser la siguiente sin sorprender a demasiada gente, sobre todo después de su sufrida fase de grupos.
El autobús ya estaba aparcado frente al estadio. Dentro del vestuario, las jugadoras estaban inmersas en su rutina prepartido. Algunas bromeaban, otras con los cascos puestos, visualizando el partido que se les venía encima. Alexia observaba desde un rincón, repasando mentalmente cada posible escenario, cada jugada y Elena, se encontraba en el piso superior, despidiendo a su hija, que vería junto con Xénia el partido desde el palco y, si todo iba bien, junto con ella.
Decidió bajar primero, para cerciorarse de que no había ningún problema de última hora, que todas las jugadoras se encontraban bien y sobre todo, que Alexia había mantenido la actitud de los últimos días.
Unos segundos de observación bastaron para que Elena atravesara el vestuario camino al aura más pesada de la estancia. Alexia giró la cabeza al notar una mano en su hombro.
—¿Qué te pasa? —preguntó con suavidad, notando tensión en la articulación.
—Nada —respondió con rapidez, después la miró a los ojos—. Es sólo que... quiero que salga bien. Lo hemos preparado todo, pero siempre hay algo que no controlamos y si no conseguimos marcar, podrían llevarnos a penaltis o anotar un gol en un error y entonces podríamos no ser capaces de...
—No hay ningún pero —La cortó, sosteniéndole la mirada—. Hoy todo va a salir bien. Míralas —Elena señaló a las jugadoras, que en ese momento se concentraban en las palabras que Patri Guijarro les estaba dedicando, llenas de garra y ambición—. Las tienes contigo. Has hecho un trabajo espectacular y pase lo que pase van a darlo todo porque confían en ti. Y yo también.
La asturiana dio un pequeño apretón en el hombro de la seleccionadora antes de apartar las manos de su cuerpo. Después, la rodeó y la observó desde arriba.
—Vamos, tienes que hablar con ellas y darles el último empujón.
Ella asintió.
El discurso de Alexia no fue el más emotivo, tampoco el más extenso o el más imaginativo, no estaba tan segura como lo había estado en otros partidos, pero el sólo hecho del contraste había motivado lo suficiente a sus jugadoras para traer esa seguridad de vuelta.
Desde el primer minuto, el partido contra Dinamarca fue una obra maestra del fútbol colectivo. España dominaba el balón como una extensión de su cuerpo, sus pases se hacían preciosos y de memoria, con movimientos fluidos y ordenados. Cada jugadora estaba exactamente donde debía estar, tomaba la decisión que debía tomar y mantenía al equipo moviéndose al unísono.