LIV

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—De todas formas tendré que irme pronto

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—De todas formas tendré que irme pronto. No voy a quedarme hasta tarde —terminó de explicar Elena mientras un par de camareros se acercaban con las elecciones de cada uno de los comensales.

—¿Y eso por qué? —cuestionó Neus mientras Alexia agradecía a los empleados del restaurante.

—Volveré con Lexi al hotel. Suelo dejarla con Xénia los días de partido, pero como ella también ha salido hoy... —rio.

—Sí, que por cierto, están tardando bastante. La comida se va a enfriar —comentó Alexia.

Como invocadas, ambas salieron del baño, dirigiéndose  a paso rápido hacia ellas. Sin dar más importancia a la situación y mientras tomaban de nuevo asiento, Neus, aparentemente interesada en la conversación, alzó una ceja.

—¿Por qué no la dejas con tus padres esta noche? Así podríamos tomar algo después de la cena.

Xénia, de brazos cruzados, mantenía una expresión neutral, aunque sus ojos viajaban de Ana Mari a Neus con un interés evidente. Ana Mari, por su parte, estaba extrañamente tranquila; demasiado, quizá. Su mano derecha descansaba sobre el borde de la mesa, pero sus dedos tamborileaban un ritmo irregular, como si algo en su interior no pudiera mantenerse completamente en calma.

Elena levantó la mirada de la copa.

—Mis padres no han venido.

—¿Y la madre de Ale?

La nombrada dejó de cortar el filete notando al menos dos pares de ojos sobre ella; sin embargo, no movió la vista de su plato.

—¿La de Ale? —La asturiana frunció el ceño.

Ana Mari tragó saliva, viendo a dónde se dirigía el interrogatorio de su prometida. Neus sabía que Alexia y Elena habían sido algo, no porque lo hubiera vivido o porque tuviera la suficiente relación con Alexia como para que ella le hubiera hablado del tema; pero había sido imposible que el cotilleo no llegara hasta ella en la fiesta de cumpleaños del hijo de Irene, donde Martina se había marchado llorando tras enterarse de que aquella persona con la que tanto tiempo pasaba su por entonces novia, era su expareja y no se lo había contado.

Podía entender por qué Neus pensaría aquello. Entre Alexia y Elena existía una química difícil de pasar por alto. Y más ahora que parecían volver a soportar la presencia de la otra de nuevo sin que aquello supusiera un percance. Ana frunció el ceño al percatarse de aquello, pues había resultado tan natural verlas interactuar con tanta complicidad, que no había reparado en el hecho de que Elena había llegado con Xénia para encontrarse con alguien, pues podría haber subido directamente al autobús si lo que quería era viajar con el equipo.

La suiza conectó sus ojos con los de la castaña, que frunció el ceño haciéndose las mismas preguntas. Al contrario que Ana,  ella tenía una confirmación más: había acompañado a Elena claramente a reunirse con Alexia. Estaba bien que hubieran aprendido a compartir espacio, ¿pero era normal haber aprendido tanto?

Volver a casa || Alexia PutellasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora