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—Estás guapa

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—Estás guapa.

Elena apareció en el reflejo del espejo, justo por detrás de la catalana, que terminaba de ajustarse la chaqueta.

—Tan sólo es un traje negro —dijo, dedicándole una mirada a través del cristal. La morena rodó los ojos—. Uno en el que voy a sudar un montón. Menudo invierno tiene Brasil...

—Debe ser desde que estás tú aquí —Se rio, abandonando el marco del espejo.

—Será eso.

De igual manera, Alexia salió del baño y se acercó a la cama. Aquella noche se habían quedado en la habitación de la directora deportiva pues, siendo día de partido, Lexi se había quedado con Xénia.

Elena se ataba con fuerza los cordones de los zapatos bajo la atenta mirada de la rubia.

—¿Estás nerviosa? —Le preguntó.

La seleccionadora torció la cabeza.

—Lo justo.

—Lo justo —repitió, burlándose.

—De nuevo Inglaterra, no sé... Le metieron una buena paliza a Australia.

Ya habiendo terminado de vestirse, Elena se puso de pie, acercándose a la rubia.

—Casi tan buena como la que nosotras le metimos en fase de grupos.

Alexia negó con la cabeza.

—Eres demasiado positiva.

—Y tú demasiado negativa.

La catalana siguió a la mayor por la habitación, observando con detenimiento lo que hacía. Elena, todavía con el pelo un poco mojado, se había enfundado unos vaqueros azules y una camiseta blanca. Pensó que tan sólo buscaba deshacerse del pijama, pero al verla ponerse zapatos y organizar su bolso como hacía en ese momento, tuvo un segundo pensamiento.

—¿Vas a salir?

—He quedado con Xénia —La rubia asintió. Después, Elena se acercó a la puerta—. Pero estaré ahí antes de que empiece el partido, ¿vale? —aseguró, dejando un beso en su mejilla.

—Yo tengo que salir para todo el tema de prensa —dijo con fastidio. No había nada que le pudiera apetecer menos antes de una semifinal que atender a los medios durante un par de horas—. Quiero verte antes del partido —advirtió poniendo un dedo índice frente a ella.

Elena tiró de su brazo hacia abajo, dando un paso más hacia ella.

—Me verás —Alexia sonrió de medio lado cuando los labios de la asturiana se separaron de los suyos—. Puedes con todo, mi reina.

Con otro beso rápido, esta vez en la frente, fue finalmente la catalana la primera en abandonar la habitación. Sentía que le temblaban las piernas, pero no dejaría que nadie lo supiera. Todo el equipo disfrutaría de una hora más de descanso en el que esperaba que sus jugadoras estuvieran durmiendo una pequeña siesta, pero que pocas de ellas estaban echando, pues los nervios de muchas no las dejaban dormir y la relajación de otras las hacía matar el tiempo echando una partida a la consola.

Volver a casa || Alexia PutellasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora