Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
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La noticia dio la vuelta al mundo con la misma velocidad que la primera. El rostro hundido de Elena abrió todos los periódicos mostrándola como aquella víctima que nunca había querido ser.
Las reacciones no tardaron en llegar. Inglaterra emitió un comunicado dos días antes de la final renunciando a su plaza. Brasil se negó a jugar. Las selecciones de todo el mundo se posicionaron contra la violencia, contra la impunidad de los agresores y las posiciones de poder, y esa unidad consiguió la readmisión del combinado español, aunque Alexia ya no formara parte del mismo. La final se retrasó una semana más, pero España y Brasil se enfrentaron por aquella copa del mundo.
Aunque las jugadoras españolas dominaran la posesión, los contraataques de Brasil se acercaban de forma mucho más agresiva a la apertura del marcador. Gio disparó desde la frontal del área antes de que Ona fuera capaz de alcanzarla. El balón golpeó en Laia desviando su trayectoria y dejando a Cata completamente vencida.
Mapi igualó el marcador diez minutos antes del pitido final, llevando el partido hasta la prórroga. Alexia, escondida tras una gorra oscura y una sudadera ancha, observaba el partido desde una grada alta. Aunque estar allí le permitía una visión mucho más completa de lo que estaba sucediendo en el campo, odiaba estar tan lejos del equipo.
No podía intervenir como entrenadora ni nada que se le pareciese pero, aunque Lola se valía perfectamente como seleccionadora por su cuenta, realizaba una llamada de ocho minutos en los descansos del partido. Siguiendo los consejos de la catalana, Laura Mestre salió a calentar en cuanto sus palabras salieron por el altavoz de Lola Gallardo. La seleccionadora explicó en la pizarra todas las jugadas que utilizarían, aquellas con las que ya se habían familiarizado en los últimos entrenamientos.
Fue en una de esas jugadas donde, tras un pase filtrado de Athenea, Laura quedó completamente sola frente a la portera brasileña. Vitória arrolló a la jugadora y Mariona falló el penalti. Aquello iba a decidir el encuentro. El cuarto árbitro comenzaba a escribir los minutos de descuento en la pantalla y las jugadoras se estaban viniendo abajo.
En algún lugar del mundo tenía que estar escrito que el gol que ganaría aquel encuentro saldría de la bota derecha de Patricia Guijarro.
Golpeó el balón con precisión. No había sido un disparo fuerte, ni espectacular; pero sí había sido perfecto. La trayectoria se había curvado lo justo para rozar el guante de la portera e impactar contra la red.
El estadio explotó. Las camisetas rojas se deshicieron en una marea de gritos y abrazos. Las cámaras buscaron al banquillo, a Lola corriendo en lo que parecía ser sin dirección, pero dando zancadas hacia la grada, buscando su cara entre todos aquellos rostros, Vicky cayó de rodillas al campo, Aitana no podía soltar a Patri. Alexia apretó los puños. Procuró no llamar la atención.
En los últimos segundos algunas jugadoras rivales simplemente se rindieron, otras buscaban el balón, corriendo tras los pases de las españolas y esperando un milagro.