Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Es importante que se os vea unidas y fuertes —Martina se mantenía seria, con los ojos clavados en el asiento de delante y asintiendo de vez en cuando a las palabras de Melissa Scott—. No nos conviene alentar los rumores de la prensa en un momento tan crítico como este. Tampoco a ti, Martina.
Asintió una vez más. Alexia la observó, apretando los labios. Dándose por satisfecha, Melissa tecleó un par de cosas más en su iPad y se recostó contra el asiento.
Malcolm debía llevarlas a ambas hasta la ciudad deportiva del Manchester United, donde la prensa estaría esperándolas. Después, se dividirían. Alexia subiría al autobús junto con el resto de la plantilla y Martina y Melissa irían directas al palco de Old Trafford.
Su relación se había convertido en la comidilla de los programas deportivos y de prensa rosa. Desde que había salido a luz, las búsquedas en internet sobre Alexia Putellas se habían disparado, convirtiéndola en una especie de icono, muy a su pesar. Todos los días aparecían fotos de ambas, ya fuera juntas o por separado; pero la reciente escasez de fotos en compañía había desatado rumores de todo tipo.
No era beneficioso para Alexia que se viera como una tapadera de un mes para calmar las aguas sobre su supuesta relación con Owen Spencer, ni tampoco para Martina haberse prestado a algo así ahora que empezaba a recibir ofertas laborales y de exposición mediática.
Por ello, el partido de hoy, la final, era crucial. Debían mostrarse como un frente unido, un equipo. Desde luego, la no asistencia de Martina al que sería el partido más importante de la carrera de su pareja sólo confirmaría las suposiciones.
—¿Estás bien?
Alexia llevaba sentada al lado de la que suponía seguía siendo su novia cerca de cuarenta minutos. No habían hablado en la última semana, pues ella le había pedido tiempo para pensar.
Martina tardó unos segundos en responder, como si se hubiera quedado sin voz desde que había salido de casa.
—Sí.
—¿Seguro? —Martina no respondió, pero tampoco le parecía necesario—. ¿Hay algo que pueda hacer? ¿Quieres decirme algo?
La entrenadora trató de tomar la mano derecha de la castaña, pero ésta la apartó.
—No quiero decirte nada —sentenció—. Acabemos con esto y ya está.
Las tres mujeres abandonaron el vehículo pocos minutos después, cada una desde su puerta. Un par de micrófonos y varias cámaras rodearon a la rubia.
—Alexia, Alexia, aquí por favor —Un micrófono prácticamente chocó con su barbilla—¿Tenéis alguna estrategia especial para enfrentaros a este partido?
—Está claro que el Arsenal es un rival peligroso y hemos dedicado el trabajo necesario los últimos días a contrarrestar sus puntos fuertes.
—Alexia —Otro periodista se acercó desde el otro lado. Melissa rodeó a la prensa encaminándose hacia la puerta de entrada—, se habla mucho de la bajada de nivel de las últimas jornadas y los malos resultados. ¿Crees que conseguiréis romper con esta mala racha? Se habla también de un posible mal momento mental dentro de la plantilla.