XXXII

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21:02h

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21:02h

Móvil, cartera, llaves.

Alexia Putellas buscó todos los indispensables en el pequeño bolso a conjunto que llevaría aquella noche. Su hermana se había encargado de buscarle un buen vestido, de color negro, brillante, ajustado. No podía evitar pensar que quizás era mucho más propio de la noche vieja, que de un evento de trabajo. De todas formas, no se había especificado el código de vestimenta y, sabiendo que habría música y alcohol, no podía estar tan desencaminado.

Cerró la puerta tras de sí y apuró el paso camino del ascensor. El taxista probablemente se estaría impacientando.

—Buenas noches —Le saludó el conductor al entrar.

—Buenas noches —La exfutbolista se puso el cinturón y recolocó el vestido con el objetivo de que se mantuviera en el mejor estado posible—. A Tobacco Dock, por favor.

Al nombrar el lugar al que se dirigía y su fuerte acento español, los ojos del taxista aparecieron en el retrovisor de manera poco disimulada, escaneando a la que era su pasajera en aquella noche.

Había llevado a un par de empresarios a aquel lugar en las últimas navidades, pues allí se daban algunas de las fiestas de grandes empresas. Solían dar buenas propinas y algunos lo contrataban de nuevo para la vuelta. Pero aquella mujer le sonaba de alguna cosa y no tardó ni una calle en darse cuenta.

—Disculpe —Habló, llamando la atención de la rubia, que levantó su mirada del teléfono móvil y puso toda su atención en entender el inglés londinense del taxista—, ¿es usted la entrenadora del Manchester United?

Alexia pestañeó varias veces antes de responder.

—Sí.

—No pretendo molestarla. Siempre he sido aficionado al fútbol, pero en los últimos años he estado bastante desactualizado —La rubia lo observó, sin saber muy bien hacia dónde se dirigía la conversación. Estaba alojada cerca del lugar donde se celebraría el evento, pero el tráfico haría que se desesperara—. He oído que las cosas van muy bien bajo su dirección.

—¿Eso ha oído? —Se sorprendió. El taxista asintió con ganas—. No tanto en las últimas jornadas, pero creo que el equipo se ha recuperado muy bien de esa primera media temporada.

—El año que viene la copa no resistirá.
Alexia sonrió, manteniéndose en silencio. Por la ventanilla podía ver como cada vez más taxis llevaban gente bien vestida en la misma dirección que ella. La entrada estaba colapsada y el coche avanzaba lentamente.

21:26h

Una vez alcanzaron la valla, un hombre pidió al conductor que bajara la ventanilla. El taxista mostró una acreditación en su teléfono móvil.
Los taxis pararon cerca de la puerta. Al menos cuatro lo hicieron en el mismo momento que el suyo. Se despidió del taxista, que ya había sido pagado por NOVA y se acercó a la puerta del recinto, donde varios azafatos esperaban a los asistentes.

Volver a casa || Alexia PutellasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora