Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
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Lola Gallardo llevaba cinco minutos más de los que debería dando golpes con la punta del pie sobre la baldosa del recibidor del hotel. En su mano, la lista de las jugadoras que ya habían ingresado al comedor estaba prácticamente tachada. A excepción de las dos jugadoras que en aquel momento aparecían detrás de las puertas del ascensor con grandes ojeras y sonrisas traviesas.
—Vamos —exigió la segunda entrenadora, dando una pequeña colleja a Ona y un flojo empujón a Laia—. Menudo ejemplo estáis poniendo las veteranas...
Las tres apuraron el paso en dirección al comedor designado para el equipo, a un par de pasillos de distancia.
La sala consistía en varias mesas largas, pues así lo había pedido la seleccionadora, instando al hotel a deshacerse de las mesas redondas que consideraba que dividían al equipo en grupos pequeños y asentados.
Ona y Laia recogieron un plato en un lado del comedor y buscaron con qué comida habían decidido los nutricionistas llenar su estómago antes del primer entrenamiento en Brasil.
Lola, por su parte, tomó una manzana y se sentó directamente al lado de la seleccionadora, que dejaba el vaso de agua sobre la mesa.
—Buenos días —sonrió. Alexia no respondió, se limitó a asentir con la cabeza—. ¿Conseguiste dormir a una hora decente? Te veo bastante buena cara.
—Sí, la verdad. ¿Tú no?
—Pensaba que trasnocharías —Lola echó una risita—, teniendo en cuenta que te equivocaste de habitación —Pudo ver cómo un tímido rubor asomaba en la bronceada piel de la entrenadora—. ¿No abrió la puerta?
Alexia dio un bocado a su tostada y la observó en silencio mientras masticaba. Lola se echó a reír sabiendo que no recibiría una respuesta más allá de aquel intento de asesinarla con los ojos. Después, la seleccionadora se puso en pie llamando la atención de sus jugadoras.
—Chicas, tenéis una hora para prepararos —sentenció—. Conoceremos las instalaciones de entrenamiento que utilizaremos en esta fase de grupos y haremos unos primeros planteamientos tácticos y juegos para tomar contacto —Viendo que las convocadas parecían haber escuchado con atención, añadió—. En la próxima semana viajarán los acompañantes de cada una de vosotras. Se quedarán en un hotel próximo en todo momento y podréis relajaros y despejaros junto con ellos en los días libres.
Algunas de las jugadoras comenzaron a levantarse camino a sus habitaciones, pues querían descansar un par de minutos antes de tener que abandonar el hotel. Alexia, en cambio, volvió a dar un bocado a su tostada siendo, probablemente la persona que mejor había dormido de toda la plantilla.
Era de extrañar lo en calma que se sentía en aquel momento, recibiendo con agradecimiento el sol brasileño que calentaba su espalda a través de la ventana, degustando la tostada de aguacate que había preparado con mimo minutos antes. Ella tenía alguna teoría sobre el porqué de su descanso nocturno y Lola... de ella podría decirse que conocía perfectamente el motivo.