XXVIII

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Al menos treinta personas se esparcían por el jardín trasero

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Al menos treinta personas se esparcían por el jardín trasero. Algunas conversando animadamente, otras ocupándose de las bebidas y el picoteo. Martina tomó la mano de Alexia y siguieron a las anfitrionas hasta el centro de la fiesta.

Hacía un poco de frío, o así lo sentía la rubia. Quizás la necesidad de cubrirse estaba llevando a su cerebro a crear excusas, pues todos los demás asistentes llevaban, como mínimo, los brazos al descubierto, buscando cazar calor, sol y vitamina D.

—¡Alexia! —Ana Mari se separó del grupo en el que estaba para abrazarla con fuerza. La rubia respondió efusivamente, agradecida de que ella fuera la primera cara a la que se enfrentaría aquella tarde. Cuando se separaron, una chica de pelo oscuro y media melena carraspeó detrás de ellas—. Ay, perdón. Te presento a Neus, mi novia.

Tenía una mirada fulminante. Sus ojos oscuros la hacían cuestionarse como a una niña de instituto. ¿El top le sentaba realmente tan bien? ¿Se había hecho correctamente la raya del ojo?

La nombrada se acercó a saludarla con dos besos y Alexia aprovechó la ocasión para presentar también a su pareja de una manera orgánica y cómoda.

La suiza estaba arreglándole la tarde, pero ella no podía evitar pensar que estaba gastando toda la suerte del día de una sentada.

—¡Por fin! —exclamó la suiza agarrándose a Martina— Qué escondida te tenía. Eras todo un misterio.

Detrás de la escena entre la suiza, Neus y su novia, Alexia divisó los rostros de todas aquellas personas que temía y deseaba ver a partes iguales: Mapi, Ingrid, Mariona, Ona, Patri, Claudia, Jana... jugadoras que seguían en activo y que no habían formado parte de NOVA, que prácticamente no habían vuelto a ver a la exfutbolista desde su lesión.

Cualquier persona estaría molesta. No se podía desaparecer y volver como si nada años después, disfrutar de los beneficios y la felicidad que su compañía le había dado a cambio de nada.

Podría plantearse eso como una razón para no haber decidido tirar del contacto como ellas sí habían hecho. Después de todo, ¿cómo iba a mirarlas a la cara cuando se había recuperado un poco si no tenía intención de dar explicaciones a ninguna?

Y de todas ellas, la que más pesaba sobre su hombros era Mapi León, que la observaba seria a pocos metros de distancia.

Había sido, probablemente, la persona no perteneciente a su familia que más cerca había estado de serlo nunca.

Era su compañera, su amiga, prácticamente como una hermana. Y que muy injustamente no había gozado de un trato diferente a ninguna. No hasta aquel momento en el que, aprovechando que su novia estaba entretenida en una conversación con Neus y Ana Mari, decidió que valía la pena el riesgo.

Saludó primero a Ingrid, que dedicaba miradas cautelosas de lado hacia su pareja, sin saber cómo terminaría el asunto. Cuando sus brazos soltaron a la noruega, María León la abrazó, en silencio, con fuerza.

Volver a casa || Alexia PutellasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora