Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
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Elena saludó al entrar. Alegre, como siempre. Se había esforzado como nunca por mantener una sonrisa en el rostro al entrar a trabajar. Igual que el día anterior y el día anterior al anterior. Le costaba dormir. Lo hacía abrazada a su hija, incapaz de dormir sola o conciliar el sueño con la idea presente de perderla.
David no había vuelto por casa, no la había llamado. Tampoco había tenido noticias de su madre y eso era lo que más intranquila la tenía. Había pensado mucho en cambiar de número de teléfono; pero sabía que tarde o temprano tendría que contactarlo. Su hija preguntaría por él y ella tendría que arreglar el papeleo propio del divorcio. David no se quedaría con lo puesto y mucho menos después de que le hubiera sido infiel. Su madre tampoco lo dejaría estar, que no tuviera noticias de ella todavía sólo la hacía sospechar que no se lo había tomado a la ligera.
Las ojeras bajo sus ojos eran notables y el café humeante del comercio de al lado en su mano las hacía todavía más llamativas, como si quisiera decirle a todo el mundo que no había dormido en, al menos, una semana.
También sabía que su hija había escuchado muchas cosas en aquella discusión sobre las que aún no había preguntado, pero seguro la tendrían bastante confusa. Estaba extraña, distante, pero al mismo tiempo necesitada. No le gustaba estar sola, siempre terminaba entrando a su cama en medio de la noche (cosa que agradecía), pero disfrutaba de estar acompañada sin que se la molestara, en silencio.
Sabía que lo estaba digiriendo, que necesitaba un poco de tiempo y muy probablemente ayuda, pero quería darle unos días para reposar lo sucedido antes de enfrentarse a hablar de ello con un desconocido. Podía soportar unos cuantos días de compartir espacio en silencio, mientras su hija leía algún libro y ella adelantaba el trabajo del día siguiente.
A pesar de todo aquello, estaba intentando por todos los medios aferrarse a ese motivo que la estaba ayudando a mantener la sonrisa en la cara mientras subía al ascensor del edificio y caminaba por los pasillos de la oficina, dando los buenos días a aquellos con los que se cruzaba. Y el motivo era simple: Era buena, muy buena en su trabajo.
Las últimas semanas había visitado a nada más y nada menos que dieciséis directivos importantes del deporte, haciéndolos partidarios de lo que estaba ocurriendo con NOVA y hablándoles de los beneficios de apoyar la revolución en la federación desde sus inicios. Había conseguido ayudas tanto de influencia, como monetarias. Estaba en su mejor momento. Había recibido varias llamadas del equipo felicitándola, agradeciéndole, nunca se había sentido tan útil, tan necesaria.
Habían pasado infinitud de cosas. La primera filtración de NOVA se había llevado a cabo. Desfalcos, fraude, corrupción. Había sido expuesta junto con sus respectivas pruebas, generando de nuevo una infinidad de críticas para el presidente de la federación. Se había comentado en prensa nacional e internacional, redes sociales y programas de opinión.
Habían guardado silencio. Nada más. Era lo que siempre habían hecho, lo que funcionaba. Y la organización lo sabía y lo esperaba. No contaban con tirar la federación con un par de casos de corrupción como otros de los que ya se habían salpicado anteriormente, pero querían señalarlos, reavivar las dudas y, sobre todo, asustarlos, hacerlos sentir intranquilos. Las aguas estaban en calma ahora, pero quién de ellos sabía si en cualquier momento podrían volver a agitarse.