IX

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Alba abrió mucho los ojos al escuchar la voz de Martina a través de la puerta

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Alba abrió mucho los ojos al escuchar la voz de Martina a través de la puerta. No la culpaba. Se habían ido hacía los suficientes minutos como para llamar la atención. Miró entonces a su hermana, con la cara desencajada y signos evidentes de que había estado llorando. La rubia le negó con la cabeza, suplicándole una solución que no la expusiera. Al menos no en ese momento.

—Eh... ¡Sí! —respondió finalmente, buscando por toda su cabeza una explicación antes de la siguiente pregunta de la castaña.

Hubo unos segundos de silencio.

—¿Está todo bien?

La menor volvió a mirar a su hermana, que trataba de mantener la calma sin mucho más éxito que ella. Tenía que pensar y rápido. Todavía no tenía del todo claro qué era lo que había pasado, pero la situación de Alexia era muy diferente de lo que había supuesto en un primer momento. No tenía intención de exponerla cubierta en lágrimas frente a su novia.

—Sí. Alexia me está ayudando a... —Alba miró a todas partes rezando por encontrar una excusa plausible—¡limpiar el pantalón! Me vino ahora justo la regla y no contaba con ello —rio muy falsamente. Alexia levantó una ceja, sorprendida por la idea de su hermana pequeña. Alba abrió el agua del fregadero a máxima potencia—. Frota más fuerte, Ale o se quedará la marca.

Martina miró con curiosidad la madera que la separaba de las dos hermanas. Le parecía ligeramente cómica la idea de verlas frotando varios pedazos de vaquero contra otros mientras su novia se ofuscaba por no conseguir deshacerse de la mancha.

—¿Necesitáis ayuda? —Se ofreció.

—¡No! —exclamó Alba casi de inmediato—. Me daría mucha vergüenza, Martina. Dile a mamá que vamos ahora.

Tras una afirmativa por parte de la castaña, la exfutbolista y su hermana menor pudieron respirar con alivio. Alba se cruzó de brazos y negó con la cabeza.

—No me puedo creer que haya dicho eso.

—Ha sido bastante ocurrente —concedió la rubia esbozando una tímida sonrisa.

Alba lo aceptó, recostándose de nuevo contra el fregadero y sin cerrar todavía el grifo, pues una mancha de sangre no es precisamente fácil de eliminar.

—¿Estás mejor? —preguntó después de unos segundos, viendo como la exfutbolista se ponía en pie.

Alexia se encogió de hombros.

—Bueno, he dejado de llorar.

Se miró al espejo en busca de signos que la delataran y decidió lavarse la cara con agua fría, tratando de desentumecer sus ojos enrojecidos.

—Te sientes muy culpable, ¿no?

La rubia suspiró, todavía sin demasiadas ganas de conversar sobre el tema. Aún no se sentía preparada, pero Alba la había cubierto y era su hermana después de todo.

Volver a casa || Alexia PutellasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora