Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
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Alexia Putellas aguantó las respiración. Sus ojos fluctuaron entre aquella niña, todavía agarrada a las mangas de su chaqueta y cuatro mujeres que la observaban descoloridas desde la otra punta del pasillo.
Era su hija. No había otra opción ni posibilidad en su cabeza. Tenía sus ojos. Nadie más podría tener una réplica exacta de la mirada de la chica de los ojos de mil colores. Ya no podía dejar de verlo. Sus mejillas estaban salpicadas por el sol, con pecas oscuras, repartidas uniformemente como aquellas que con el tiempo se habían ido difuminando en la tez de Elena. Tenía su misma nariz, pequeña, redonda y respingona. La piel clara, deslumbrante, propia de los genes del norte de la península, llevaba el mar en los pulmones y resquicios de Liverpool en el acento.
Xénia se deshizo de las manos de la suiza, todavía agarrándola, ahora sin fuerza y empezó a caminar en dirección a ellas, sintiéndose la única capaz de hacerlo en ese momento.
—Vámonos, Lexi.
La castaña notó el preciso momento en que los ojos, todavía sobrecogidos de la Alexia mayor se posaron en ella. Su cuerpo se tensó mientras intentaba alcanzar con su brazo la mano de la hija de su amiga.
—¡No! —exclamó haciendo más fuerte su agarre en las mangas de la chaqueta de la catalana.
Inevitablemente, la mirada de Xénia se levantó y sus ojos se encontraron. Se reconocen, se reencuentran en silencio.
No era que ella y Alexia hubieran sido nunca amigas. Elena no era precisamente la persona que más volvía por Oviedo cuando despertaba acompañada en su cama de noventa en Barcelona, deseando dormirse de nuevo y repetir la misma mañana una y otra vez. La rubia apenas había visitado Asturias un par de veces, pero Xénia era también parte de esa vida y ese recuerdo. Xénia era parte de su vida con Elena y no podía decir que volver a verla no le generase impresión.
—Vámonos —dijo esta vez más seria una vez sus ojos se despegaron de los de la catalana.
—No quiero.
Los brazos de Lexi se envolvieron alrededor del cuerpo de la exjugadora. Elena, diez metros más atrás, comenzó a sudar frío, perdiendo casi el equilibrio según la conversación se siguió desarrollando.
—Ni de coña. Vente.
Xénia, convencida de que haría menos daño arrancando a Lexi del cuerpo de Alexia que dejándolo estar, por mucho que tuviera que acercarse, la tomó con fuerza de los brazos. Ésta comenzó a patalear.
—¡No quiero, no quiero! —gritó—. ¡Mamá! —Elena palideció. Alexia vio confirmada sus sospechas. Por un momento sintió ganas de vomitar—. ¡Mamá! ¡Quiero hacerme una foto con Alexia Putellas! ¡Mamá! ¡Quiero una foto con la futbolista!
—Lexi, ya. Cállate —advirtió la castaña.
En medio de Xénia tratando de arrastrar a Lexi lejos y Elena repitiendo la palabra 'No' en voz baja y cerrando los ojos con la esperanza de aquello fuera tan sólo una horrible pesadilla, Alexia se puso en pie y se echó a caminar hacia donde las demás mujeres seguían observándola aterrorizada.