Prólogo

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26 de mayo de 2015

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26 de mayo de 2015

—Estás muy guapa cuando te despiertas, ¿sabías?

Alexia rio con diversión. Todavía no podía abrir del todo los ojos, se conformaba con sentir las yemas de sus dedos dibujando su mandíbula, su nariz, sus labios.

—Seguro es una visión que cambia vidas.

—Lo es.

—Con los ojos hinchados, las legañas...

—El pelo todo enredado.

—También.

—Eso es lo mejor.

La futbolista negó con la cabeza y se recogió un poco más en las sábanas, dejando que los brazos de su novia la llenaran de calor de nuevo, quizás para dormir un poco más.

—¿Has desayunado? —preguntó contra su cuello.

—Te estaba esperando.

Alexia se separó ligeramente de Elena y frunció el ceño.

—¿Qué hora es? —preguntó, sin esperar a que respondiera, cogiendo el móvil de la mesilla de noche. Eran las doce y media. Alexia abrió mucho los ojos—. Joder, Lena. ¿Cómo me has dejado dormir hasta tan tarde? —Se sentó sobre la cama. La morena la imitó—. No se puede confiar en ti. ¿Qué has hecho toda la mañana?

Alexia puso los dos pies en el suelo, saliendo finalmente de la cama y agarró un pantalón deportivo del respaldo de la silla de escritorio. Elena aceptó su decisión de dejar la cama ligeramente a desgana.

—Mirarte dormir —Alexia se tomó el tiempo de rodar los ojos antes de arrastrar a su novia de debajo de las mantas por los brazos—. Vale. Estabas dormida como un tronco —Se encogió de hombros—. Salí de la cama varias veces y ni siquiera te diste cuenta. He hecho hasta la compra.

—Deberías haberme despertado —Hizo un puchero.

—Es tu día libre. Me gusta que estés descansada —Los ojos de la futbolista se volvieron a clavar en ella, con diversión—. La mayoría de las veces.

Estaba siendo un buen año, el 2015. España podía dar la sorpresa en Canadá y Alexia podría alcanzar su primer título absoluto en la selección, estaba en un buen momento. El probablemente mejor Barça de la historia ya tenía su liga y en pocos días conquistaría la copa del rey frente al Athletic de Bilbao. Ada Colau acababa de ganar las elecciones a la alcaldía de Barcelona, de los balcones colgaban cada vez más esteladas, augurando una clara victoria de Junts pel sí y Artur Más y Alexia Putellas despertaba prácticamente todas las mañanas en la cama de noventa de la habitación de Elena Garay.

Era un mayo caluroso y seco. Y aunque Alexia estaba deseando que calor abrasador de junio la obligara a acercarse a la playa, sabía que su novia, asturiana, ya estaba tratando de encontrar la manera de quitarse la piel para aguantar los veintisiete grados que se pronosticaban aquel día. Y también era martes y Elena tenía clase. Tenía, en el sentido más exacto de la palabra.

Volver a casa || Alexia PutellasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora