Es el año 2027. Tras la operación de ligamento, la recuperación de Alexia, que parecía muy prometedora, se vio truncada por una complicación tras otra. El tiempo, una lenta recuperación y la edad, terminaron por alejarla del fútbol profesional.
Aunq...
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Elena tragó saliva al darse cuenta de que no podía marcharse. Su plan bien medido había resultado en un completo desastre. No sabía a dónde mirar, no sabía qué decir. En menos de un minuto Alexia la echaría de la conversación. No quería tener que dar explicaciones a toda la farándula de clubs europeos para justificar que una entrenadora no pueda compartir espacio con una ejecutiva de la UEFA. Tampoco quería que Alexia tuviera que hacer lo mismo o siquiera haberla importunado presentándose allí.
—Encantada —pronunció seria, extendiendo la mano hacia la asturiana—. Alexia Putellas Segura.
—Elena Garay Rivas.
Sus manos se tocaron.
Parecía un gesto tan ordinario, tan obviado en conversaciones comerciales y presentaciones banales como la que a quella suponía ser, que ambas habían pasado por alto lo que sería tomarse de la mano, otra vez, después de tantos años.
Alexia sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, volvía a sentirse en sus dieciocho años, tomando la mano de una chica morena de ojos multicolor que acaba de derribar en los pasillos de las oficinas del FC.Barcelona. Su respiración se profundizó, sus pupilas se dilataron, completamente enfocados en sus manos entrelazadas de aquella manera que parecía tan profesional y encerraba mil sensaciones más.
Elena simplemente se quedó sin aliento. Lo notó todo por dentro. Su ritmo cardíaco aumentó vertiginosamente No estaba allí. Estaba en todas partes menos allí. ¿Cuánto es lo socialmente aceptable en un saludo como aquel? ¿Cuánto tiempo llevaba sosteniendo su mano? ¿Podía hacerlo un poco más?
Los ojos de Elena se levantaron poco a poco hasta los de Alexia. Ella no podía ver los de la morena por los cristales oscuros, pero aún así los buscó, los buscó cada instante en el que Elena se había perdido de vuelta en los suyos. Preguntándose si esta sería la última vez que podría mirarlos, la última vez que podría tocarla.
Alexia fue quien rompió el contacto. Se sentía frío, echaba de menos el calor de su piel, el simple y ordinario tacto de la palma de su mano.
—Gracias por lo de antes.
Elena tragó saliva. Alexia la miraba con frialdad, como si realmente acabaran de conocerse, con una sonrisa amable; pero falsa, la normal, la esperada.
—No hay por qué darlas —Ambas mujeres se miraron en silencio—. ¿Qué tal la llegada a Manchester? ¿Todo bien?
Alexia miró a ambos presidentes, que observaban la conversación con curiosidad.
—Sí. Todo bien. Todavía tengo que buscar un apartamento —Sonrió, tratando de aparentar normalidad.
—Seguro que es difícil dejar atrás a la familia y... demás.
—Sí.
Alexia asintió. La atmósfera se hizo pesada.
—¡No me cabe duda! —Habló Joel, tratando de aligerar el ambiente—. Pero aquí te haremos sentir como en casa. No lo dudes —Su hermano asintió a sus palabras.