XLVI

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Alexia descansaba con los pies sobre la mesa, cruzados de forma cómoda y con la espalda recostada en la silla

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Alexia descansaba con los pies sobre la mesa, cruzados de forma cómoda y con la espalda recostada en la silla. Jugaba despreocupadamente con una goma del pelo mientras Elena respondía a lo que ella le preguntaba, tumbada boca arriba sobre su cama. Eran las doce de la noche.

—¿Entonces sigue siendo el violeta?

Elena sonrió.

—Pero no es violeta como tal —apuntó.

—Lila color lavanda —aclaró la rubia. Elena se dio la vuelta sobre el edredón, apoyando la mandíbula en la palma de su mano y mirándola a los ojos, conforme —. Qué asco.

—No entiendo cómo puede disgustarte tanto el olor a lavanda. Está bastante bien.

—Es simplemente repulsivo.

Elena negó con la cabeza.

—De todas maneras, estamos hablando del color. Intenta ignorar el olor.

—Es imposible —Rodó los ojos—. Cada vez que veo ese color me viene el olor a la mente. Es sinergia.

—Sinestesia —corrigió.

—Estoy segura de que es sinergia.

La asturiana se echó a reír bajo la mirada molesta de la exfutbolista.

—¿Tú no eras licenciada en ADE? —La molestó—. A ver si van a tener razón y a los deportistas os regalan las carreras.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó, con los ojos entrecerrados.

—Investigué.

Alexia sonrió de medio lado, volviendo a colocar la goma del pelo en su muñeca y dedicándole una mirada traviesa. Elena estaba perdida en la pantalla de su teléfono móvil.

—Sinergia, dos puntos —leyó—. Acción de dos o más causas cuya efecto es superior a la suma de los efectos individuales.

—Eso está mal —Se quejó—. ¿Dónde lo estás leyendo?

—La sinestesia es una variación no patológica de la percepción humana. Las personas sinestésicas experimentan de forma involuntaria y automática la activación de una vía sensorial...

—¡Suficiente! —exclamó, arrebatándole el teléfono de las manos.

Elena la miró con suficiencia, tendiendo su mano en el aire para que la rubia volviese a dejar el dispositivo en su poder.

—Sigues siendo igual —Alexia no respondió, dejándose caer de nuevo contra la silla. La observó por unos segundos, apretando la mandíbula y simulando no estar molesta por una equivocación tan estúpida. Estaba segura que pasarían horas antes de que superara el enfado—. ¿Cuál es tu grupo favorito ahora? —preguntó.

—No tengo.

—¿Cómo no vas a tener?

—¿Cuál era antes? —preguntó con curiosidad, subiendo de nuevo los pies a la madera de la mesa.

—Coldplay.

Alexia frunció el ceño, mirándola prácticamente consternada.

—¿En serio? —preguntó con molestia—. Vaya basicada.

Elena se encogió de hombros.

—No sé si era de verdad. Creo que me lo decías porque me hacía ilusión por nuestra canción.

—¿Clocks? —Preguntó sabiendo perfectamente que era la respuesta acertada—. Dramático.

—Es el primer amor.

Ambas se miraron en silencio. Alexia cerró los ojos por unos segundos.

—Sí, supongo que sí.

Elena apretó los labios. Quizás su comentario había hecho de su intento de conversación tranquila algo mucho más trascendental de lo deseado.

—¿Sigue gustándote la pizza con piña? —preguntó tratando de aligerar el ambiente.

Se sentó sobre el colchón con las piernas cruzadas y disfrutó de ver cómo una pequeña sonrisa se esbozaba en la cara de la catalana antes de mirarla con diversión.

—No tengas miedo de ser tú —Elena pestañeó varias veces—. Te estás conteniendo. Nunca nos hemos caracterizado por ser una pareja que huye de las conversaciones profundas.

—¿Pare...

—Últimamente estoy pidiendo más la pizza campesina —interrumpió.

Elena la observó por unos segundos y aceptó la continuación natural de la conversación. Sin hacerse demasiadas preguntas. Alexia llevaba los tiempos y ella estaba conforme con aquello.

—En algo has mejorado entonces.

Alexia rodó los ojos.

—No sé si llamaría a eso una mejora. La he aburrido un poco, nada más.

Elena rio con despreocupación.

—¿Cómo puede alguien que nunca come pizza aburrirla?

La rubia frunció el ceño.

—Sí tomo pizza.

—¿Ah sí? —cuestionó—. ¿Cuándo fue la última vez que la comiste?

Alexia se detuvo un momento a pensar, el ceño aún fruncido. Finalmente, con un tono resignado, respondió:

—La verdad, no lo recuerdo. Creo que la última vez fue hace unos meses, cuando fui a una fiesta de cumpleaños con unas amigas, pero sólo tomé un trozo.

Elena sonrió, divertida.

—Claro, porque eres la reina de los aguacates y los batidos de proteínas.

—No siempre. A veces me doy mis gustos, aunque prefiero no abusar. Además, ¿qué hay de malo en cuidarse? —Alexia se defendió, cruzando los brazos sobre su pecho de manera juguetona.

—Nada, nada. Pero, a veces, una buena pizza puede hacer maravillas, incluso para alguien tan rancia como tú.

Alexia la miró con una mezcla de diversión y desafío.

—¿No crees que te estás tomando demasiadas confianzas? —Elena se mordió el interior de la mejilla derecha, sosteniendo la mirada de la catalana. La rubia tragó saliva, dándose por vencida por los ojos multicolor en la forma más disimulada posible—. ¿Así que esa es tu receta para dejar de serlo? ¿Pizza y recuerdos del primer amor?

La asturiana tragó saliva, tensándose sobre la cama de la rubia.

—¿Quieres que pidamos una pizza?

Alexia alzó ligeramente las cejas. Después, llevó la mirada al suelo, tratando de disimular que la pregunta la había tomado por sorpresa.

—¿P-para cenar?

—Sí.

Las dos se miraron en silencio. La rubia no pudo evitar pensar que la pregunta significaba algo mayor, Una respuesta en la que, en cierto modo, ella accedía a aquella dupla de la que la pizza era un integrante más, en la que confirmaba sus intenciones, en la que reafirmaba lo que había propuesto con aquella toma de contacto, con la vuelta a las raíces.

Todavía con los labios apretados y perdida en los colores de la mirada de su primer amor, pronunció:

—¿Mediana hawaiana?

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Holaa es un capítulo súper súper cortito, pero quería volver a publicar de una vez. Odio escribir en el móvil y me lo he sacado de encima con bastante poca profundidad y lo siento, pero mi ordenador está para arreglar...
Espero que me lo den como muy tarde la semana que viene 😑

Volver a casa || Alexia PutellasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora