Capítulo |19| -Esposa.-

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"La más feliz del mundo."

Pase la noche entera angustiado, ver a mi madre en ese estado me dejo, triste y muy confundido, ¿por qué?, ¿por qué las mujeres tenían que sufrir tanto?, ¿por qué mi madre tiene que llorar tanto?, lo he preguntado una y otra vez, pero nunca encontré la respuesta, y me miraban como extraño. Como que si lo que preguntaba no tenía sentido, no tenía peso. Todos los días tenía que ver a mi madre pedir el perdón de mi padre, de forma tan humillante, y por cosas que para mi eran insignificantes, ¿una ropa con una arruga?, ¿faltarle un poco de sal a la comida?, ¿no estar arreglada todo el tiempo?, y me sentía raro, raro por no pensar como ellos, por no sentir ese placer, o ese gusto de lastimar y humillar a mi madre, o a mis hermanas. Quería a mi padre, y lo respetaba, pero su forma de tratar a las mujeres, era tan brusca, tan tosca, que, me hacía la vista gorda, porque no podía decir nada, siempre mi padre me decía que me faltaba ser más hombre, que algo en mi había fallado, que estaba mal, que seguro era culpa de mi madre por tenerme tanto en brazos, soy el segundo hijo, pero nací algo enfermo, o eso me dice mi madre, nací antes de tiempo, mi padre... había golpeado a mi madre aún estando embaraza con 7 meses, y dos semanas después ya estaba en el mundo, por eso decía mi padre que dure mucho en brazos de madre, porque ella no me descuidaba ni un segundo, decía que era el más frágil, el más delicado.

Las cosas tan horribles que padre me obligo hacer solo para "que me haga más hombre", fueron las cosas más traumánte y perturbante de toda mi vida, todos los días lo recordaba, porque... lastimé a personas, solo por complacer a mi padre, para comprobar que si era un hombre, y que yo me merecía su respeto.

Éramos cuatro hermanos, y tres hermanas, aunque solo quedaban dos, las solía ver de aquí para allá, con ropas, con comida, con trapos para limpiar, y siempre me pregunte que porque, ¿por qué nosotros no hacíamos nada?, si yo me la pasaba fuera de casa, o solo observarlas, me gustaba hacerlo, se parecían a mi abuela, a la madre de mi padre, aunque ella ya murió, todas las mujeres mueren, ¿por qué?, recuerdo haber visto a mi hermana, y llorar todas las noches porque ese recuerdo no se iba, llorar aunque un hombre no podía hacerlo, no podía ni pensar en eso, eso era algo imperdonable, algo que te quitaba algún tipo de hombría, mi hermanita, la más pequeña, solía hablar mucho con ella, era la única que se atrevió a hablarme, el otro año, mis dos hermanas se iban a la subasta, tenía una ya 15, y la otra iba a cumplirlo, y mi padre iba a esperar para venderlas las dos juntas, si, venderlas como si fueran ganados, pero con la que hablaba mucho, aún no tenía ni cerca esa edad, y la hice como mi amiga, aunque hablaba con muchas mujeres, ningunas me veían como un amigo, sino, como un futuro esposo, y yo aún no quería casarme, no quería causarle tanto daño a la que será la madre de mis hijos... o hijas.

Pero el día que fui a buscarla a su habitación, estaba muy emocionado, por fin podía darle algo, que no estaba prohibido para ellas, algo que le había prometido hace mucho. Pero cuando entre, la encontré tirada, en el piso, desnuda y llena de sangre. Su cabello le tapaba la cara, pero sabía que era ella, era la única que tenía el cabello tan rojo con el de padre, como yo, y su piel tan blanca, estaba tan blanca. Estaba perturbado, no podía moverme, no podía respirar, me sentía triste, estaba tan conmovido que no noté que en la habitación había alguien parado subiéndose el pantalón, no lo pensé solo... me abalancé sobre él, y, era mi hermano, mi hermano mayor, el mayor de todos, el que ya tenía una vida, una esposa, y tenía hijos, aquel que tenía una vida, vino a quitarle la de ella, ¿qué le hizo mi pequeña hermanita?, ¿qué?

No lo dude, y lo solté, quite mi mano del cuello de su camisa, y lo dejé caminar, me quite del medio mientras él salía, y la dejo ahí, sin vida, cuando escuché sus pasos lejos, me volteé para donde ella, me agaché, y quite el cabello ensangrentado de sangre de su cara.

El pecado de ser mujer.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora