8. Algo de amor

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El inquietante clima en Hogwarts se había vuelto palpable. Los murmullos de los estudiantes se mezclaban con sus miradas nerviosas mientras Umbridge continuaba con su intrusión en las clases de los profesores. Nova, atormentada por los sueños recurrentes que la acosaban, finalmente tomó una decisión. En una mañana temprana, antes de que el sol pintara el cielo de colores cálidos, se dirigió a la oficina de Dumbledore, esperando ser recibida.

Al entrar en la majestuosa oficina, Nova se acomodó en una silla, su mirada ansiosa reflejando la turbulencia que había estado experimentando en su interior.

Dumbledore, que emanaba sabiduría y calma, apareció en la entrada de su oficina con una sonrisa afable.

—Nova, hace tiempo que no vienes a visitarme —comentó Dumbledore mientras avanzaba hacia su escritorio.

Nova asintió, su voz llevando un rastro de pesar. —Lo sé, es que ha sido un año muy complicado.

El profesor asintió comprensivamente ante las palabras de Nova. —¿Todo bien? Siento que estás aquí no como visita.

Nova miró al director con gratitud por su disposición a escuchar. —Adelante, Nova, te escucharé.

—Usted me dijo que Voldemort jamás se acercaría a mí porque Harry era a quien buscaba —comenzó Nova, con una expresión preocupada en su rostro. —¿Cree que pueda llegar a cambiar de opinión?

Dumbledore contempló a Nova por un momento antes de responder con calma. —No muchos se atreven a decir su nombre. —Se acercó a su silla, su mirada fija en Nova. —Él puede tener muchas estrategias para acercarse a tu hermano, pero no hay lugar más seguro que Hogwarts. No tienes que preocuparte, Nova. Si estuvieras en peligro, sabríamos cómo protegerte.

Una sonrisa de alivio cruzó el rostro de Nova al escuchar las palabras tranquilizadoras del director.

—Lo sé, solo que tengo el miedo constante de que él quiera hacerme daño —suspiró Nova, con los hombros un poco encorvados. —Creo que eso es todo, muchas gracias, profesor.

Dumbledore asintió con amabilidad. —Puedes venir cuando quieras.

Dumbledore la miró con comprensión antes de asentir. Nova se dio la vuelta y abandonó la oficina del director.

Dumbledore se quedó inmóvil, sus ojos fijos en el espacio que Nova había ocupado apenas momentos atrás. Había tomado medidas especiales para asegurarse de que Nova no tuviera ninguna conexión con Voldemort, incluso había contado con la colaboración de Snape en esta tarea. Pero la aparición repentina de Nova en su despacho sugería que algo inusual estaba sucediendo.

Esa noche, el director sintió la necesidad de tomar una decisión radical. Decidió embarcarse en un viaje para investigar el misterio que rodeaba a Nova. Aunque había confiado en que ella estaba a salvo y sin la influencia de Voldemort, la intriga lo dominaba. No podía permitirse el lujo de haber descuidado la seguridad de Nova mientras se centraba en proteger a Harry. Reconoció que esto podría haber sido un error, uno que no podía permitirse.

Mientras tanto, el camino de Nova hasta los terrenos del castillo de Hogwarts estaba lleno de susurros del viento y el trinar de los pájaros, un contraste sorprendente con la agitación de los pasillos. Al llegar al invernadero, encontró a Neville ya presente, su expresión tranquila mientras revisaba las instrucciones de la clase.

—¡Buenos días, Neville! —saludó Nova con una sonrisa, acercándose. Neville levantó la vista de su libro de texto y le devolvió la sonrisa.

—¡Hola, Nova! ¿Lista para otra lección de Herbología?

Nova asintió, mirando alrededor del invernadero. Estaba lleno de plantas de todos los tamaños y formas, y el aire estaba impregnado con un olor fresco y terroso que siempre la hacía sentirse revitalizada. La profesora Spout, entró en el invernadero y comenzó a dar las instrucciones para la clase.

𝐍𝐨𝐯𝐚 𝐏𝐨𝐭𝐭𝐞𝐫 | 𝐃𝐌Donde viven las historias. Descúbrelo ahora