Proyecto «Conociendo a Yavé».
Básicamente, el análisis bíblico de una criticona que terminó siendo Ovejhacendosa. Mis primeros pasos, pensamientos que pueden o no cambiar con el paso del tiempo.
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17 de abril del año 2022
Hoy es domingo de resurrección. ¡Hoy día celebramos la vida! Si bien es un día simbólico, lo que representa este día es lo que vale.
Por supuesto, no podía dejar pasar el día de hoy sin escribir una entrada. Yavé me dio la oportunidad con los dos episodios de Números que acabo de leer.
Y... esta es una reflexión afortunada. Es para hacer notar cómo el pueblo de Israel seguía a Yavé y se detenía cuando él lo hacía. Cuando Yavé bajaba en forma de nube para habitar el tabernáculo. Si él se quedaba un día, un día se paralizaba el campamento. Si se quedaba un mes, un mes se paralizaba el campamento.
Al leer eso, pensé que los israelitas eran buenos sirviendo. Ellos pudieron adaptarse a Yavé, porque Yavé era su Dios.
Pero no solo eso.
El siguiente capítulo muestra la situación inversa. Yavé en forma de nube caminando junto a su pueblo, siendo avisado por Moisés y siendo despedido por él. Qué forma de conmover mi corazón. Cuando leí eso caí en la cuenta, una vez más, de que Yavé no solo es nuestro Dios. Es nuestro padre, el padre que también se adapta a nosotros y nos acompaña a lo largo de nuestro camino.
Ese es nuestro padre, el que a su forma divina quiso estar aquí, avanzando junto al pueblo de Israel. Ese es nuestro padre.
Hoy, domingo de resurrección, él alzó a su hijo de entre los muertos. Lo hizo incluso cuando la humanidad merecía pagar por sus propios pecados. Porque así es él.