Deuteronomio 14:29 | La obra de mis manos

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14 de mayo del año 2022

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14 de mayo del año 2022


Desde hace algunos capítulos venía queriendo escribir una entrada, porque hallaba cosas de las cuales hablar, pero los pensamientos que venían a mí no eran tan extensos. Cosas como la posibilidad de que Yavé pueda cambiar de parecer y cambiar sus métodos (con guerra en los tiempos de Moisés y con amor en los tiempos de Jesús), cosas como el valor que se daba a la sangre antiguamente (La sangre era llamada "la vida" y me pregunto por qué, hm)...

En fin, cosas de esa índole. Pero esta reflexión de ahora viene acompañada de una vivencia personal que la alimenta.

El último versículo de este capítulo dice "no te olvides de las viudas, los extranjeros y los niños, para que recibas las bendiciones de Dios". Y quiero detenerme aquí para hacer una observación. No deberíamos hacer algo PARA recibir bendiciones.

¿Por qué siempre pensamos en el premio o el castigo? Haz esto para que te premien con esto, haz esto para que no te suceda esto. Nuestra naturaleza humana parece comprender todo a través de premios y castigos y no reniego de esto, pero ¿no puede ser el premio otra cosa? ¿No puede ser nuestra bendición la felicidad misma que da el ayudar?

Jesús dijo: "El pecado es un castigo en sí mismo".

¿Y no lo es? Cuando tienes el mal en ti crees que eres feliz por lo que consigues, pero no eres auténticamente feliz.

¿El bien no es un premio en sí mismo? ¿El amor no es un premio en sí mismo? ¿Por qué tenemos que hacer PARA ser bendecidos? ¿No podemos hacer porque nos da felicidad?

Sentí esto que digo cuando ayudé a alguien. Noté que parte de mi mente estaba mostrándome ya las recompensas de mi acción. Me dije: "¿Por qué estoy esperando X recompensa? Esto que estoy sintiendo, esta calidez, es bella". Y era bella. ¿Por qué tenía yo que dejar que una posible recompensa distrajese mi atención del amor pleno que sentía en ese momento?

No. Quiero elegir el amor.

Si hay recompensa o no, eso ya no me importa ni me incumbe. El de arriba verá si me bendice o no, aunque, como dije ya, esa misma situación en que debo ayudar a alguien es una bendición en sí misma. Las obras de mis manos SON la bendición, no el pago que pueda o no recibir por ellas.

Y no siempre puedo tener este pensamiento, porque soy imperfecta y muchas veces flaqueo, pero quiero apoyarme en Yavé para poder lograr que sea duradero. Para poder notar cada día que la obra de mis manos es el mejor y más precioso premio.

MPLB: Mi Primera Lectura BíblicaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora