Proyecto «Conociendo a Yavé».
Básicamente, el análisis bíblico de una criticona que terminó siendo Ovejhacendosa. Mis primeros pasos, pensamientos que pueden o no cambiar con el paso del tiempo.
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24 de junio del año 2022
Cuando llegué a este capítulo me sorprendió ver que no había escrito una entrada respecto a lo que hizo Micaía la primera vez que lo leí, así que decidí hacerla ahora.
Si nos detenemos a pensarlo, ¿cuál fue el pecado de Micaía? En realidad, su intención era buena, aunque sus acciones fueron malas. Esto me dejó pensativa respecto a esa gran área gris que es el universo de un corazón.
Es el corazón lo que Yavé ve al momento de juzgar, pero también ve las acciones. Entonces... podríamos decir que nuestros corazones deben tener buenas intenciones y que nuestras acciones deben ser un fiel reflejo de esas intenciones.
Pero ¿qué pasa cuando somos Micaía? ¿Qué pasa cuando, por desconocimiento, hacemos algo incorrecto?
Yo no creo que Yavé se alce en modo juzgador en tales ocasiones, creo que guiará nuestros pasos a acciones que sean consecuentes con nuestros corazones. Micaía perdió los ídolos que fundió y todas esas cosas que manchaban su buena intención, pero no fue ni arrojado al infierno ni consumido por la ira de Dios.
A veces... (y esta es una de las razones por las que me aparto de las religiones), la gente es bastante radical y pone demasiado énfasis en los castigos de Yavé. Lo muestran como un Dios iracundo que exige que seas perfecto. Como un Dios que no comprende lo diferente y que no entiende nuestra identidad y nuestra individualidad.
El Dios que yo conozco, el Dios que me amparó y me salvó no es así. Él es Dios maravilloso, un padre comprensivo que nunca ha juzgado mis fallas y que, si he pecado, me ha hecho caso cuando le he pedido sabiduría e inteligencia para comprender lo que desea para mí. Yavé, de momento, no ha quitado de mi corazón lo que pienso de mi demisexualidad o la estima que tengo hacia la comunidad LGBT y su lucha por amar con libertad, incluso aunque le pedí que arrancara de mi corazón todo eso si lo encontraba desagradable o incorrecto. Yavé sí ha quitado de mi corazón aficiones y gustos, así que sé que él despoja a uno de lo que es malicioso.
Yavé está en todo lo bello y poderoso que hay a mi alrededor, mostrándome señales y ampliando mi mente para notarlas, incluso aunque a veces he fallado. La razón por la que él no castigó duramente la ignorancia de Micaía es la misma razón por la cual él perdona:
Yavé es Dios compasivo que acoge a quienes le buscan y a quienes están dispuestos a dejarle las riendas a él, pero, sobre todo, a quienes están dispuestos a aprender de él. Y, me lleve a donde me lleve en el futuro, yo estoy dispuesta a aprender de él.
El pecado de la ignorancia no es tan malo, siempre y cuando estemos dispuestos a subsanarlo y nos empapemos del conocimiento que Yavé nos quiere dar desde lo alto. Siempre y cuando estemos ceñidos a su voluntad como una paradójica expresión de nuestra libertad.