El plan para molestar a Maia.

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—...—

Estaba observando a ese chico rubio, sonreía con malicia. Me dio muchísima risa verlo así, aparentemente, sí planeaba algo en contra de Maia. El problema es que, seguramente a él no le dirían nada sí hacia algo, pero... ¿qué hay de mí? ¡Jill es capaz de matarme! —ella es muy mala, si ni siquiera quiere a los animales—.

—¿Entonces...? —Ross estiro su mano, esperando la mía, como medio incómodo —No tenemos toda la noche —me recordó.

—Eso seguro, además, la canción es larga —respondí recordando todos los ensayos que tuvo Maia. Realmente me aburría una eternidad viéndolos, pero como ella nos obligaba, no teníamos más opciones.

—¿Podrías darme una respuesta? ¡Me estoy imaginando la cara de cerdo que pondrá Maia y me quiero reír! —Ross sonrió. Su sonrisa era demasiado hermosa para ser real, como de cuento de hada —Di que sí, y nunca más nos volveremos a ver —eso sonó demasiado tentador. Más que nada considerando lo antipático que él es.

—De acuerdo. Lo haremos, pero tendremos problemas por esto.

—Mi segundo nombre es problemas —respondió sonriendo de oreja a oreja —Ahora subamos, te explicaré mi idea mientras subimos. ¡Te va a encantar!

—¿Viniendo de ti? Lo dudo mucho —respondí, él frunció el ceño, pero tomó mi mano. Debo admitir, que su cercanía se sentía de maravilla. Pero nunca se lo diría en voz alta. Que piense que me cae mal, porque esa es la verdad. Sólo acepté hacer esto, porque Maia me cae mal y quiero verla enojada. Aunque los problemas no me caen nada bien, pero bueno...

—...—

Me encontraba bailando con el chico Africano. Él heredaría unos terrenos muy grandes, muchas empresas y una gran fortuna. Me estaba hablando de su abuela, pero no le prestaba mucha atención, porque lo único que quería era bailar con Austin. De todos los herederos, mi mamá dice que es él que más me conviene, es el que más dinero tendrá. Y es a quien quiero.

—¿A ti te gustan los animales? —preguntó Rabi. Ese era su nombre, no era guapo, pero tampoco era tan feo. Simplemente, era un niño con suerte.

—Sí, lógico —mentí. Sinceramente, odio a los perros, y a los gatos. Hay animales que odio aún más, pero bueno ¿para qué hablar más de lo debido?

—Yo tengo un...

No le presté atención, lo que vi me molestó de sobremanera. Hubiese soportado cualquier cosa, menos verlos a ellos dos, a ellos dos juntos. ¿Qué se supone que era esto? ¡Una pesadilla!

¡Que paren el mundo. Me quiero bajar!

—...—

Ross y yo entramos al salón. Yo ya llevaba un vestido puesto, Ross me convenció para que me cambiara de ropa, porque dijo que no me veía nada bien con el uniforme de mucama. Lo obedecí y me puse un hermoso vestido de color rosa pálido, que tenía algunas flores blancas bordadas. Me encantó, mi cabello lo dejé suelto, tenía algunos rizos locos... pero bueno, así soy yo naturalmente.

—Debo decir que así como estás ahora, te ves mucho más linda que antes —dijo, cuando ya llegamos, y nos pusimos en medio del salón para bailar. La melodía que sonaba seguía siendo un vals, lindo para bailar en pareja.

—Gracias... supongo que viniendo de ti es algo caballeroso.

—Sí, supones bien —me guiño un ojo y me fue guiando.

Ross bailaba como todo un experto, me guiaba como el caballero que él era. Era algo fascinante, sabía muchos pasos buenísimos. La cercanía que teníamos no me hizo sentir nerviosa, tampoco me hizo querer asesinarlo. Estábamos fundidos en una danza, donde sólo existíamos las dos. Me hacía girar, me guiaba. De un momento a otro, me levantó por los cielos, y yo abrí mis brazos como si fuese un pájaro. Me sentía como una princesa. Como si fuese Cenicienta, bailando con el maravilloso y encantador príncipe.

De un momento a otro, él y yo estábamos en el centro del salón de baile. Eso sí que fue algo maravilloso, algo muy lindo. Pero...

—¿Sabes? Para ser una simple mucama, bailas maravilloso.

—He practicado.

Era verdad.

Cuando mi mamá estaba viva, ella y yo bailábamos. Nos encantaba, claro que era una diversión en ese entonces, pero ahora me ha servido de mucho. Y claro, viendo a Maia bailar durante casi toda mi vida, ha ayudado. Las cosas se aprenden con sólo verlas, en algunas ocasiones.

—¿Por qué eres una mucama? —su pregunta me hizo callar, no quería hablar de ello. No, él no tenía porque saber de mi vida.

—¡Laura Marano! —gritó Maia, haciendo que los dos nos detuviésemos de inmediato —¿No deberías estar trabajando en vez de estar bailando con Ross?

La música se detuvo, porque Jill la había detenido. Todos los invitados se quedaron callados, nos miraban. Éramos el centro de atención. Mi cara se puso roja como un tomate, me sentía muy apenada. ¡Esto no podía estar pasando!

—¡Eres una simple mucama! —prosiguió Maia —No deberías estar viviendo un sueño, porque mañana tú vida volverá a ser una simple misería como lo ha sido desde. Mm... ¡siempre!

Me calle, me sentía muy humillada. Aunque no me sorprendía, todo esto era verdad. Me deje llevar para hacer sufrir a Maia, y la que termino avergonzada fui yo. Dios me castigo por tener pensamientos egoístas. Y es algo que merecía. ¿Por qué yo tendría algo bueno en mi vida? Una lágrima quería salir, pero la limpie mucho antes.

—¡Eres una...

—Siento mucha humillación —dijo Ross interrumpiendo a Maia. ¡Genial! Él también se sentía mal por haber bailado conmigo. Me retire, para ir a mi habitación. ¿Para qué seguir escuchando aquello?

Ya en mi habitación, empecé a llorar como una tonta. Porque eso era, una simple tonta que sueña con cosas que nunca van a pasar.

Un amor de ensueño.Stories to obsess over. Discover now