Lena.
Parar a Kara del suelo después de algún desmayo se había vuelto una costumbre. Y sí, sería un poco preocupante si no supiera que la rubia tiene una predisposición absoluta a exagerar las cosas y terminar simplemente tirada en el suelo. Sabía que una vez que despertara, esto se convertiría en una especie de lucha absoluta.
No importaba, después de todo, el día de mañana los chicos irían al colegio y estarían a salvo de la locura de su madre.
—Te amo, preciosura. — Musité mientras pasaba mis manos con cuidado por su rostro, sabiendo que pronto despertaría. — Pero mientras despiertas, iré a esconder cualquier objeto cortopunzante que puedas usar contra un niño que no tiene la culpa de que seas una loca de atar dispuesta a espantar hasta los mosquitos que rodean a su hija.
Vi a Sam un poco más allá, intentando contener la risa al ver la escena completamente irrisoria. Sabía que, de alguna manera, ella estaba completamente feliz de ver a su cuñada sufrir un poco por haberla puesto en un aprieto desde el primer momento.
—Cuando despierte será insoportable. — Musitó mi hermana al pasar por su lado. — Estoy segura de que pondrá una especie de cerca eléctrica alrededor de su casa.
—Tú lo disfrutas. — Musité con una sonrisa torpe. — Eres quien más disfruta de sus pequeños infartos, Sam.
—Se lo merece. — Añadió sin culpa. — Ella mandó a su engendro mayor a consultarme sobre la sexualidad humana, sin remordimientos. — De inmediato vi cómo levantaba los brazos triunfal. — Se lo merece, así como merecerá llevarse un balde de agua si no reacciona en 20 minutos.
Llevé la mano directamente al puente de mi nariz, reprimiendo una carcajada furiosa que parecía querer florecer sin barreras. Esa era mi familia, la que tanto amaba.
Kara.
La idea de que mi niña estuviese enamorada me mataba, más aún cuando era mi día en casa y el día de Lena en el trabajo. Los chicos ya estaban en el colegio, y yo, yo únicamente me encontraba con Kripto mientras me perdía directamente en los pensamientos destructivos que me rodeaban desesperadamente y que definitivamente no me podían dejar en paz.
Entonces, cuando pensaba que nada peor que mi hija estando enamorada, pasó algo peor.
La tarde se había desplomado en un gris melancólico cuando recibí la llamada de la profesora de párvulo. La voz en el teléfono era tranquila, pero había un matiz de preocupación que no pasaba desapercibido. Me dijo que debía ir al establecimiento porque Liam había tenido un incidente y necesitaba hablar conmigo o con Lena de inmediato, que debíamos hacer lo posible por asistir, de ser posible, ambas. El corazón me dio un vuelco. Lena estaba en el trabajo, así que le envié un mensaje rápido para decirle que iba a la escuela, y le pedí que se encontrara conmigo allí.
No podía darle más detalles y sabía definitivamente que esto sería una causa absoluta de ansiedad para mi mujer, pero no podía hacer nada por evitárselo si yo no tenía mayor información y no tenía algo que pudiese darle una tranquilidad absoluta.
Me mataba hacerla pasar por esto con el embarazo en este primer trimestre, y de ser posible hubiese evitado por completo el tener que decirle algo que le generase ansiedad, pero también sabía que si no lo hacía, se sentiría profundamente ofendida y comenzaría a cuestionarse su rol como madre.
Llegué al establecimiento y me dirigí a la oficina de la profesora, con una creciente sensación de ansiedad en mi pecho. La educadora, una mujer de mediana edad con una actitud cálida y profesional, nos recibió y nos condujo a una pequeña sala de reuniones. Mientras esperábamos a Lena, intenté calmarme y preparar mis preguntas, o en su defecto, calmar esa sensación desesperada de salir corriendo para auxiliar a mi hijo.
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La deuda de Los Luthor. - Supercorp
FanfictionLionel Luthor era un hombre de familia, dedicado y un empresario audaz; nada hacía presagiar que un infarto lo arrebataría de los brazos de su preciada familia, y en el camino revelara todos los trapos sucios que el patriarca de Los Luthor había pat...
