De Llegadas Inesperadas.

461 36 3
                                        

Narrador Omnisciente.

La mañana nació con un silencio sospechoso en la casa Zor-El Luthor, ese tipo de calma que solo existe cuando la vida está por desordenarlo todo. Kara ya estaba de pie desde las seis, con un delantal que decía "Abuela en servicio" y una lista de verificación que parecía el plan de vuelo de una misión espacial. Tenía tres bolsos abiertos sobre la mesa: "Clínica", "Emergencias" y "Snacks (aprobados por Lena)". Aun así, revisaba por quinta vez los pañales, las gasas, el peluche de unicornio en tono pastel (luego de intensas negociaciones) y un paquete de toallitas que no cabía en ninguna parte, pero que ella se empeñaba en llevar.

—No vas a meter un paquete de doce en un bolso de mano, Kara. —Dijo Lena, apoyada en el marco de la puerta, con una taza de café y esa sonrisa que mezclaba ternura con ironía.— También podemos comprar toallitas en la tienda del hospital.

—No pienso subestimar la capacidad de una nieta para necesitar toallitas. —Replicó Kara, empujando el paquete con el codo.— Además, hoy empieza el protocolo "Aurora Fase Tres".

El celular vibró. El nombre de Liam iluminó la pantalla. Kara contestó antes del segundo timbrazo.

—¡¿Qué pasó, mi amor?! —Gritó sin saludar, ya con la adrenalina en el techo.

—Mamá, no te asustes, pero... —Vaciló él.— Creo que... se adelantó. Saskia rompió bolsa.

El mundo de Kara se redujo a un punto brillante. Soltó el teléfono, saltó sobre su mismo eje, y emprendió carrera.

—¡Plan Aurora Fase TRES! —Vociferó, escalera abajo, escalera arriba, escalera abajo otra vez.— ¡Zapatos! ¡Bolso! ¡Llaves! ¡¿Dónde están mis llaves?!

—En tu mano, general. —Respondió Lena, alcanzándola en dos pasos y rescatándole el celular del mantel.— Respira. Izquierdo, derecho. El zapato va en el pie, no en la mano.

Kara miró sus manos; sostenía llaves, celular y... un zapato. Se puso el calzado al revés, se lo sacó, volvió a intentarlo, agarró los tres bolsos, chocó con la mesa, se llevó por delante el florero y lo atrapó antes de que tocara el suelo. Todo en dos segundos y medio.

—Estoy bien .—Aseguró, jadeando.

—Estás preciosa cuando entras en pánico. —Sonrió Lena, acercándose para abrocharle correctamente la chaqueta.— Vámonos, podemos hacer esto otra vez.

El trayecto a la clínica fue una coreografía de torpezas épicas y amor absoluto. Kara condujo con las luces de emergencia encendidas, señalizando cada pensamiento. A ratos quería ir a 120 y a ratos a 20 "por si los baches alteraban a su esposa". Llamó a Liam en altavoz.

—Respira con ella. —Indicó.— Inhala cuatro, exhala seis. No, espera... seis y ocho. O... ¿eran tres y cinco? ¡Lena, dame una cuenta buena!

—Inhala cuatro, exhala seis. —Marcó Lena, firme.— Y tú, Kara, manos al volante y vista al frente.

—Manos al volante. —Repitió ella, obediente, antes de apretar el claxon a un camión inexistente y pedirle perdón al aire.— Perdón, camión.

—Eres la cosa más adorable que he visto. —Murmuró Lena, apretándole el muslo.— Te amo bonito.

Kara tragó saliva. Apretó el volante como si abrazara el mundo.

—Yo también te amo bonito.

En admisión, el caos tomó forma de formularios. Kara llegó con tres bolsos, una chaqueta sobre el brazo, el peluche unicornio colgando del codo y el paquete de toallitas bajo la axila; dejó caer el unicornio, chocó con el atril de alcohol gel, casi derribó el dispensador, lo rescató en el aire y lo dejó de nuevo en su sitio con una reverencia a la recepcionista.

La deuda de Los Luthor. - SupercorpDonde viven las historias. Descúbrelo ahora