Lena.
Luka cumplía su primer mes de vida, y en la casa todos parecíamos sobrevivir en piloto automático. Kara seguía en recuperación tras la vasectomía, y su cara agotada lo decía todo. Habíamos intentado de todo: música suave, meciéndolo, pasearlo en cochecito por toda la casa... pero Luka lloraba. Lloraba sin tregua porque a toda hora parecía tener hambre.
Una tarde, después de intentar calmarlo por más de una hora, sentí que mi cabeza iba a explotar. Fue entonces que Lutessa, nuestra hija mayor de ya siete años, entró a la sala con una mirada astuta. A su lado estaban Lori y Liam, los mellizos de ya cinco años.
—Mamá, ¿quieres que duerma a Luka un rato? —Me ofreció Lu, extendiendo los brazos con una sonrisa de cómplice. — Yo puedo ayudarte.
—No te imaginas cuánto lo agradecería. —Le respondí, dejándome caer en el sillón mientras ella tomaba a Luka con ese aire de hermana mayor que sabe qué hacer, asegurando al bebé suavemente contra su pecho. — Pero eres muy pequeña para hacerte cargo de un bebé glotón.
Lu me dio una sonrisa juguetona mientras balanceaba suavemente a Luka, quien sorbía el pulgar con una intensidad como si fuese su próximo biberón. La niña parecía grande con esa pequeña bolita entre sus brazos; y pese a que confiaba tremendamente en ella, sabía que eventualmente se cansaría, así que pateé suavemente la mecedora hasta estar a su lado.
—Bueno, Lu, eres muy valiente, pero un bebé hambriento es otra cosa. —Le dije, revolviéndole el cabello.— Este pequeñín heredó el apetito de su mamá Kara, y eso es mucho decir.
Kara, que se encontraba recostada en el sillón con una manta sobre sus piernas, levantó la cabeza y se rió. Todavía tenía ojeras profundas, y una mueca de incomodidad le cruzaba el rostro.
—¿Mi apetito, eh? Bueno, no me vas a culpar a mí de que no duerma, ¿verdad? —Bromeó con una media sonrisa, aunque se notaba el agotamiento en sus ojos. — Porque ese niño tiene tu carácter del demonio.
Antes de que pudiera responder, Lori y Liam intercambiaron una mirada que prometía problemas. Lori, siempre la más traviesa, le susurró algo al oído a su hermano. Liam, que rara vez hablaba en voz alta, asintió con solemnidad, sus ojos fijos en Luka como si de repente tuvieran un plan.
—Mamá, he pensado algo. —Dijo Lori, caminando hacia mí con las manos en la cintura, en esa pose decidida que había aprendido de Lu, y que Lu claramente había aprendido a la cretina de mi esposa.— Si el bebé no duerme, nosotros tampoco. Entonces... tal vez alguien debería llevarlo a casa de la tía Sam. Ella siempre está diciendo que le encanta cuidarlo, ¿verdad?
Me reí un poco, aunque por dentro me enternecía cómo mi hija buscaba una solución a su manera.
—Además. — Continuó Liam con ese gesto impasible. — Ellas siempre dicen que se lo comerían a besos, cosa que la veo improbable, pero que según todos demuestra lo mucho que nuestras tías quieren al bebé Luka.
—Oh, ya veo. ¿Así que crees que dejar al bebé con la tía Sam es la solución? —Le pregunté, levantando una ceja.
Liam parecía desesperado por dar a comprender el punto de vista que al parecer abordaba a nuestros tres hijos. Él, quien parecía ser el más elocuente de los tres, se esforzaba en darse a entender con razones irrefutables.
—Luka llora... y... y no nos deja dormir. — Reafirmó con los puñitos cerrados a su costado. —Llora mucho, mamá Lena.
Sonreí, asintiendo con la cabeza.
—Sí, cariño, lo sé. Pero Luka es un bebé, y está aprendiendo. Necesita que lo cuidemos entre todos.
Lu, que había estado escuchando atenta, miró a Lori y luego a Liam. Sus ojos se iluminaron, y de pronto, se inclinó hacia ellos como si quisiera compartir un secreto.
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La deuda de Los Luthor. - Supercorp
FanfictionLionel Luthor era un hombre de familia, dedicado y un empresario audaz; nada hacía presagiar que un infarto lo arrebataría de los brazos de su preciada familia, y en el camino revelara todos los trapos sucios que el patriarca de Los Luthor había pat...
