Narrador omnisciente
La tarde estaba serena, con ese aire tibio que preludia el otoño. En el jardín trasero, la luz se colaba entre las hojas como si quisiera quedarse un poco más. Lena había salido con una taza de té a respirar, a observar sus plantas en silencio. Y fue allí donde la vio.
Saskia estaba sentada en la banca junto al rosal blanco. Tenía los brazos cruzados sobre las piernas, y la mirada perdida en la nada. No lloraba, no suspiraba, no se movía. Pero su alma, silenciosa, parecía dar gritos de auxilio.
Su nuera parecía estar completamente torturada, perdida en su propia tortura emocional que le estaba acongojando el alma. No podía dejarla sola, esa chica era parte de su familia, era la mujer a la que su hijo, su niño especial se había aventurado a amar.
Lena no dijo nada al principio. Solo caminó hacia ella con paso calmo, dejando su taza en la mesa lateral y sentándose a su lado.
Un minuto pasó. Luego otro.
Entonces, Saskia habló, sin mirarla.
—¿Siempre lo supo? — Musitó con voz suave la chica.
Lena ladeó apenas el rostro.
—¿El qué?
—Cuando sus hijos escondían cosas. —Saskia tragó saliva.— Cuando se guardaban algo importante. ¿Lo sabía?
—Lo sentía. —Respondió Lena, suave.— No siempre sabía qué era. Pero lo sentía. Hay un tipo de silencio que no es normal. Uno que pesa más. Uno que pide que alguien se siente cerca... sin hacer preguntas y que se quede ahí para dar apoyo.
Saskia bajó la cabeza. Un mechón se soltó y le cayó sobre la frente. Lena, sin pensarlo, lo recogió y lo colocó detrás de su oreja, con la misma ternura con la que había tocado tantas veces a Lori, a Lutessa, a Luka... a Liam, a su Liam.
—No voy a preguntarte nada, Saskia. —Continuó Lena, mirándola con esa serenidad suya tan única.— Pero si algún día te pesa mucho algo, si un secreto se te hace nudo, puedes traerlo aquí. Este jardín ha escuchado de todo. Y nunca ha juzgado a nadie.
Saskia cerró los ojos. Sus hombros temblaron apenas, conteniendo el llanto que presionaba por salir.
—Tengo miedo. —Dijo, sin adornos, sin dar más pistas.
Lena asintió.
—Está bien tenerlo. El miedo no te hace débil, Sas. Solo humana. Y valiente... porque a veces, sentir miedo y seguir adelante es la prueba más grande de amor.
Saskia giró la cabeza lentamente.
—¿Y si decepciono a todos?
Lena le tomó la mano.
—No hay forma de decepcionar cuando el amor es real. Y aquí, tú ya eres familia. Ya eres alguien que amamos. Y ese amor... no se quiebra por las sorpresas. Solo se expande para contenerlas.
Saskia no pudo más.
Se dejó caer contra el hombro de Lena, como una hija que finalmente bajaba la guardia. Y Lena la sostuvo. Como lo haría con cualquiera de los suyos. Porque ella también era suya. Ya lo era desde hacía tiempo, desde que ella había amado a su hijo.
Y en ese abrazo cálido, bajo el cielo que ya empezaba a tornarse rosado, Saskia respiró hondo por primera vez en días.
No dijo que estaba embarazada.
No dijo que no lo estaba.
Solo dijo:
—Gracias.
Y Lena, con una lágrima que no dejó caer, respondió:
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La deuda de Los Luthor. - Supercorp
FanfictionLionel Luthor era un hombre de familia, dedicado y un empresario audaz; nada hacía presagiar que un infarto lo arrebataría de los brazos de su preciada familia, y en el camino revelara todos los trapos sucios que el patriarca de Los Luthor había pat...
