Ella es igual a ti.

588 39 3
                                        

Narrador Omnisciente.

Siete meses después, la casa de las Zor-El -Luthor ya no era una casa; era un ecosistema vibrante y ruidoso.

Cada día tenía su propio ritmo, una melodía distinta, y a veces una banda sonora que mezclaba risas, llantos, juguetes musicales y el inevitable grito de "¡¿Dónde están los pañales?!" que se repetía a toda hora.

El sol de la mañana entraba por los ventanales, iluminando el jardín donde Lutessa y Travis perseguían a sus mellizos. Ambos niños ya caminaban con paso tambaleante, medio seguros de su independencia, medio conscientes de que papá o mamá los rescatarían antes de caer de bruces; también sabiendo que su ternura les jugaría a favor cuando hicieran alguna travesura.

Sus carcajadas llenaban el aire.

Travis los miraba con orgullo, y Lutessa, con esa mirada enamorada que nunca perdió, apenas podía creer que aquellas dos criaturas fueran suyas.

—Son iguales a ti. —Le decía a Travis mientras le limpiaba una mancha de jugo de la camiseta, con los ojos más enamorados que nunca parecían menguar.

—¿Por lo inquietos?

—Por lo irresistibles. —Respondía ella con una sonrisa y un beso.

Kara los observaba desde la terraza, con una taza de café que jamás lograba terminar caliente, y el rostro iluminado por una sonrisa orgullosa, esa que solo nacía cuando su primera hija, quien las había acompañado en esas desgracias hasta llegar a la felicidad absoluta.

—Nuestros nietos son pequeños terremotos con piernas.

Lena, sentada junto a ella, hojeaba un libro de botánica y sin levantar la vista, comentó.

—Lo heredaron de ti.

—¿Qué?

—La capacidad de derribar paredes con encanto. —Replicó Lena, con una media sonrisa. — No tengo la certeza, pero de seguro eras igual de desastrosa que esas bestias cuando eras pequeña.

Aurora, la nieta más pequeña, ya tenía siete meses. Su cabello formaba rizos dorados que atrapaban la luz, y sus ojos, tan verdes como los de Lena, eran un reflejo perfecto de la calma y la curiosidad.

Pasaba las mañanas en brazos de su abuela Kara, observando todo con esa atención que solo los bebés parecen entender.

Kara la mecía en un ritmo torpe pero constante, inventando canciones sobre "viajes de una superheroína que podía convencer al mundo" o "bebés que controlan la publicidad del mundo".

Aurora respondía con risitas que derretían cualquier estructura emocional de su abuela.

—Es igual a ti. —Le susurró Lena una mañana, acercándose con suavidad.

—¿Por qué lo dices?

—Porque sonríe como si supiera un secreto que el resto del universo todavía no entiende.

Kara se sonrojó como si fuese la primera vez que se descubrió teniendo una erección por Lena.

En el living, Lori, con su embarazo de siete meses, estaba sentada entre cojines, rodeada de ultrasonidos, peluches, pañales y un cuaderno donde escribía ideas de nombres.
Su rostro brillaba con esa mezcla de agotamiento y felicidad que sólo da la espera de un hijo.
Violet, por supuesto, no se separaba de ella ni un segundo. Literalmente.

—Si sigues pegada a mí, no voy a poder parir. —Murmuró Lori, con una sonrisa cansada.

—No pienso despegarme. —Respondió Violet, besándole la mano.— Eres el amor de mi vida y la incubadora del caos que creamos.

La deuda de Los Luthor. - SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora