Narrador Omnisciente
La casa no volvió a ser la misma.
Desde el momento en que Lutessa cruzó el umbral cargando a uno de los mellizos contra el pecho, mientras Travis llevaba al segundo con movimientos más lentos que los de una bomba de tiempo, la atmósfera cambió. Era como si el aire se hubiera llenado de una nueva electricidad, esa que solo traen los recién nacidos: mezcla de leche tibia, pañales, llantos y amor incondicional.
Kara ya había preparado una cartelera con horarios de alimentación, turnos de sueño, baños tibios y una lista de posibles alergias genéticas que nadie había pedido.
—Esto es solo por si acaso. —Dijo, colgándola en la puerta del refrigerador.— En esta casa no se improvisa cuando se trata de bebés. Cualquier improvisación puede ser un desastre.
—Kara... —Lena apareció detrás suyo, con una taza de café en una mano y una expresión de ternura contenida.— Son recién nacidos, no una campaña publicitaria.
—¡Y aún así, en ambas cosas se requiere estrategia, planificación y presencia en redes sociales! —Respondió Kara, ya subiendo una foto borrosa de los piecitos de sus nietos a su cuenta profesional con un "Confidencial: nuevo proyecto familiar en marcha".
Lena negó con la cabeza, pero no sin sonreír. A su modo, Kara era feliz. Orgullosa. Y enternecida hasta la médula.
—No publiques sus rostros todavía, amor. Dejemos que pasen los primeros días. —Le susurró, acercándose a besarle la mejilla.— No todos los trofeos se muestran al mundo de inmediato.
—Pero ¿puedo imprimir sus huellitas y enmarcarlas?
—Eso sí.
Mientras tanto, en la sala, Travis estaba rodeado de cojines, mantas y dos bolsos de emergencia. Lutessa, con una bata gigante, los pies hinchados y ojeras de campeonato, lo observaba desde el sillón, con los brazos cruzados y una ceja alzada.
—¿Sabes que vivimos aquí ahora, cierto? —Le dijo.— No tenemos que evacuar cada vez que lloran. Es normal, al menos eso dice mamá.
—¡Y si tienen hambre al mismo tiempo? ¡O fiebre! ¡O reflujo! ¿Qué si se cruzan los horarios? ¿Y si uno tiene una reacción alérgica a la fórmula y el otro no?
—Travis. —Susurró Lena, apareciendo como una sombra silenciosa.— Te traje una compresa caliente para tus ojeras y un té de melisa. En esta casa solo puedes colapsar después de las dos de la mañana. Antes de eso, respira y resista, querido.
En un rincón, Kara vigilaba con binoculares de juguete desde la cocina.
—Están respirando perfecto. —Anunció. — Muy calmados.
—Los bebés respiran, sí. Gracias, mamá. —Resopló Lutessa, al borde de la risa al ver a su madre llena de ternura por sus nietos.
En medio del caos, Luka apareció con su novia, trayendo comida preparada.
—¿Cómo están los nuevos padres? —Preguntó ella con dulzura, dejando una lasaña casera sobre la mesa.
—Están exhaustos. Felices. Y peligrosamente cerca de perder la cordura. —Respondió Lena, abrazando a la chica.— Gracias por venir. Tu comida es oficialmente lo mejor que ha pasado desde el nacimiento de los chicos.
Minutos después, llegaron Lori y Violet. Violet se acercó a Kara con una sonrisa burlona.
—¿Y tú, abuela? ¿Cómo va eso de no controlar todo?
—Estoy perfectamente equilibrada. —Respondió Kara mientras medía la temperatura de las mantas con un termómetro digital.— Mira, apenas 0.3 grados por encima del ideal. — De inmediato una sonrisa orgullosa apareció en el rostro de la rubia. — Soy una abuela excepcional.
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La deuda de Los Luthor. - Supercorp
FanfictionLionel Luthor era un hombre de familia, dedicado y un empresario audaz; nada hacía presagiar que un infarto lo arrebataría de los brazos de su preciada familia, y en el camino revelara todos los trapos sucios que el patriarca de Los Luthor había pat...
