Madre Dragona V/S Guardiana de brazos tatuados.

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Narrador Omnisciente.

El sol de la tarde acariciaba suavemente las paredes de la casa de los Zor-El Luthor cuando el timbre sonó con insistencia. Lena, quien estaba acomodando unos papeles en la sala, alzó la vista con una sonrisa automática. Ya sabía quién era.

—Las niñas llegaron. —Anunció con voz cálida.

Kara salió de la cocina con un paño en el hombro y harina en la mejilla, luciendo como una mezcla entre abuela devota y guerrera del desayuno. Al abrir la puerta, no se contuvo: atrapó a Lori en un abrazo desmedido mientras Violet se reía detrás.

—¡Mi bebé! —Exclamó Kara, besando a su hija en la mejilla una, dos, tres veces. Luego se giró hacia Violet con ojos calmados, pero llenos de celos.— Y tú... te tengo vigilada.

—Un placer verte también, suegrita. —Respondió Violet con una sonrisa descarada, antes de recibir un abrazo menos efusivo, pero real, de parte de Kara. — Cada día se ve mejor.

Lena se acercó con su elegancia innata, recogiendo a ambas chicas en un saludo menos ruidoso pero lleno de afecto.

—Bienvenidas, chicas. Los bebés están durmiendo. —Dijo Lena, bajando un poco la voz.— Pero Lutessa está en la terraza con Travis. Han sobrevivido toda esta semana con más café y té que cordura, pero ahí van.

—Quiero ver a mis sobrinos. —Dijo Lori, entusiasmada.

—Y tú los verás, pero primero siéntense, coman algo. —Kara les hizo un gesto hacia la cocina.— Preparé galletas... si es que Travis no se las devoró todas.

Entre risas y comentarios sueltos, Violet y Lori terminaron en la cocina solas, buscando vasos mientras Kara y Lena salían a la terraza. Se miraron como si fuera la primera vez en el día que podían respirar sin testigos.

—¿No se ven adorables cuando están en modo abuelas? —Murmuró Violet mientras abría la despensa. — Parecen... llenas de felicidad.

—Son insoportablemente adorables. —Lori sonrió, apoyándose en la encimera.— Pero me encanta. Me hace pensar en ti y en mí... con una casa, visitas, pañales...

—¿Pañales? —Violet se giró de golpe, cerrando la puerta del mueble con la cadera y caminó hacia ella.— ¿Me estás insinuando algo, Zor-El?

—Dije pensar, no proponer. —Lori se rió, pero no se movió cuando Violet se acercó.

—Igual suena sexy. —Susurró la joven tatuada, pasando los dedos por la cintura de Lori, empujando apenas la tela hacia arriba para tocar piel. — Muy sexy viniendo de ti.

Lori se mordió el labio, y su risa se fue apagando en el zumbido eléctrico que Violet generaba cada vez que se acercaba así. El siguiente beso fue directo, desesperado, lleno de esa ansiedad acumulada tras días sin un momento a solas. Violet la alzó de la cintura, sentándola sobre la encimera, sin dejar de devorarle la boca.

—¿Sabes cuánto tiempo llevo sin follarte como mereces? —Susurró, dejando un reguero de besos por el cuello de Lori.— Estoy ardiendo, Lori. Y tú sabes cómo calmarme...

Lori arqueó la espalda al sentir la mano de Violet deslizándose con decisión hacia su trasero, acariciando, apretando, provocando.

—Pues cierra la maldita puerta y... —Empezó a decir, justo cuando...

—¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO AQUÍ?! —Gritó Kara desde la puerta.

Ambas se quedaron congeladas.

Violet, con una mano literalmente en el trasero de su novia.

Lori, sentada en la encimera, despeinada, jadeante y con los botones de la blusa desalineados.

La deuda de Los Luthor. - SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora