Aurora.

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Narrador Omnisciente.

La mañana comenzaba con un sol suave que se colaba entre las cortinas de la sala, iluminando los pequeños detalles del hogar que ahora estaba aún más lleno de vida... y de ecografías pegadas con imanes temáticos a la nevera.

Saskia estaba sentada en el borde del sofá, abrochándose los zapatos con una lentitud casi dramática, mientras Liam corría por la casa con una botella de agua, una carpeta con exámenes y, por alguna razón, una media que claramente no le pertenecía.

—¿Has visto mi chaqueta de mezclilla? —Gritó desde la cocina.

—No, pero si encuentro otra media de Lena en nuestros cajones voy a pensar que ella está invadiendo tu espacio como madre sobreprotectora. —Respondió Saskia, levantando una ceja.

Liam se asomó por la puerta con el pelo revuelto y la camisa medio fuera del pantalón.

—Dice que estamos bajo su "supervisión logística" hasta que el bebé cumpla seis meses. Técnicamente sí está invadiendo nuestro espacio.

—Con amor. —Agregó Lena desde el pasillo, apareciendo con una carpeta en mano y un café en la otra.— Y con agenda médica actualizada. Vamos, tenemos control hoy.

Saskia resopló. Aunque no lo admitiera en voz alta, se sentía más tranquila con Lena a su lado. Esa mezcla de profesionalismo elegante y calidez amable la hacía sentir segura, como si nada malo pudiera pasar mientras ella estuviera cerca.

El consultorio olía a desinfectante y lavanda artificial. Mientras esperaban su turno, Liam repasaba mentalmente las preguntas que quería hacer, los valores que no entendía del último examen, y las posibles preguntas de protocolo que Kara —aunque no presente— les había dejado por mensaje.

Saskia le apretó la mano.

—Estoy bien, ¿sabes? Y estamos bien.

—Lo sé. Solo quiero hacerlo bien.

—Ya lo estás haciendo. —Le sonrió ella, genuina.— Este bebé ya es afortunado por tenerte.

Lena intentaba no interrumpir, pero tenía esa expresión orgullosa de madre que ya ha pasado por todo y se derrite al ver a sus hijos iniciar su propio camino.

Fuera del consultorio, Kara caminaba por el pasillo como si estuviera en una campaña de publicidad de crisis: móvil en mano, mandando mensajes cada cinco minutos.

"¿Ya entraron?"

"¿El corazón late bien?"

"¿Saben qué es? ¿Se mueve?"

"¿Está cómodo? ¿Respira? Sé que no respira, ¡pero aún así!"

Lena, con una mezcla de resignación y ternura, le mostró la pantalla a Saskia.

—Tu suegra tiene la paciencia emocional de una paloma en Navidad.

—Y el mío la obsesión de un estudiante de medicina con el primer hijo. —Respondió Saskia, riendo bajito.— Pero se le ama así.

—Es parte de su forma de cuidar. Kara tiene un checklist para cada etapa de la vida. Incluida la del bebé que todavía no ha nacido.

—Y lo agradezco. —Murmuró Saskia.— Hace todo para protegernos. Y eso... eso me enamora.

La enfermera los llamó. La doctora Carina DeLuca los recibió con su sonrisa habitual y su bata con dibujos de cactus.

—Veo que traen a la madrina institucional. Bienvenida, Lena.

—Hoy solo soy observadora orgullosa. Kara no entró porque dijo que "lloraría tanto que el médico se distraería".

—Sabia decisión. —Rio Carina.— Bueno, veamos a esta criatura futura contribuyente.

La deuda de Los Luthor. - SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora