Bailaré con Cenicienta.

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Narrador Omnisciente. 
El sol comenzaba a cien detrás de los árboles cuando Lori salió al jardín con una manta sobre los hombros y los nervios apretándole el pecho. Era una de esas tardes templadas en las que la luz se filtraba entre las hojas como oro líquido, y todo parecía en pausa. Las guirnaldas solares colgaban sobre las ramas de los manzanos, y el aire olía a lavanda y tierra húmeda.

La melliza menor sabía que ese era el momento adecuado, sobre todo después de todo el revuelo que había existido con el alumbramiento de Aurora y la noticia del embarazo de Lutessa. Sabía que era un golpe fuerte, pero también sabía que no podía seguir desplazándolo, porque el final ya era inevitable.

Kara y Lena estaban sentadas en las sillas de mimbre junto al limonero. Lena hojeaba un libro, mientras Kara tenía los pies descalzos sobre el césped, con un vaso de limonada a medio terminar en la mano. Ambas levantaron la vista al verla, con esa sonrisa cálida que reservaban solo para sus hijos.

—¿Todo bien, amor? —Preguntó Lena, notando que Lori tenía los hombros más rígidos de lo normal. — ¿Quieres algo de beber?

Lori asintió, tragando saliva. Tenía 23 años, una maestría casi terminada, cientos de ensayos publicados y la capacidad de hablar en público sin temblar. Pero ahí, frente a sus madres, las palabras pesaban.

— ¿Puedo hablar con ustedes? Es... algo importante.

Las dos se incorporaron de inmediato. Kara apoyó el vaso en la mesa, Lena cerró el libro sin marcar la página y olvidando por completo que había ofrecido algo para beber a su hija. Se acomodó en silencio, dándole su atención completa.

Lori respiró hondo. El atardecer pintaba su rostro con tonos cálidos, y por un instante, pareció volver a ser esa niña de trenzas rebeldes y rodillas raspadas que corría por ese mismo jardín, despreocupada de la vida y sabiendo que esos dos pares de ojos que en este momento la miraban alarmada, estarían de manera incondicional para cuidarla.

—Hace seis años que estoy saliendo con alguien. —Empezó, con voz suave pero firme.— Y nunca se los conté porque... tenía miedo. Miedo de lo que podrían pensar. De lo que podría significar para ustedes y de lo que podía significar para esta persona. — La pequeña Zor-El tragó saliva y luego continuó. — Nadie sabe, de hecho, Liam sospecha solo desde hace poco tiempo, porque me vio en un parque.

Lena frunció el ceño, apenas preocupada.

—¿Por qué habríamos...?

—Porque es diferente. —La interrumpió Lori.— Porque es una mujer. Una mujer intersexual.

Kara se quedó inmóvil, apenas encontrando la voz para susurrar. — Igual que yo.

Lena tampoco supo que decir al principio. Solo se miraron entre sí, como si intentaran entender por qué aquello —tan hermoso, tan real— había tenido que estar escondido. Sin llegar a comprender del todo esa inseguridad o necesidad de su hija a esconderlo y la tortura que esto había significado para ella.

Lori se pasó una mano por el cabello, nerviosa.

—La amo. Con todo lo que tengo. Con todo lo que soy. Y ahora que estoy por terminar la maestría, queremos mudarnos juntas. Empezar una vida. No quiero esconderla más. No quiero ocultarme más. Y sé que tal vez... esto las toma por sorpresa. Pero no podía seguir callando. — La voz de Lori tembló, como nunca antes lo había hecho. — Quiero mi historia de amor, como la de ustedes... quiero amarla como se aman ustedes, quiero tener esa mirada infinita de amor cada vez que la vea bailando en los espacios comunes. — De inmediato su mirada se centró en Lena. — Quiero tener esa misma mirada que tiene mami contigo cada vez que te ve, como si fueras lo único en el mundo que importa.

La deuda de Los Luthor. - SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora