Narrador Omnisciente.
La casa de los Danvers-Luthor olía a pan recién horneado y a salsa de tomate burbujeante cuando comenzó a llenarse de voces, risas y abrazos. Era una tarde templada de sábado, y el comedor estaba decorado con guirnaldas sencillas, flores frescas del jardín de Lena y pequeños detalles con tonos neutros, a juego con el estilo sobrio de Ruby, quien había dejado claro —con esa firmeza heredada de Sam— que no quería ningún baby shower con juegos cursis ni discursos incómodos; ella solo quería que su familia estuviese unida para celebrar la llegada del bebé.
—Es una cena de bienvenida, no una intervención. —Había dicho Lena mientras acomodaba los cubiertos en la mesa larga del patio techado. —Así que no quiero que intentes espantar a ese pobre chico si es que Ruby llega a traerlo.
—Es una trampa elegante. —Murmuró Kara con una sonrisa traviesa desde la cocina, revolviendo una fuente de papas glaseadas con miel, la cual Lena había preparado con pericia y le había dejado esa única tarea a su esposa. —Y no prometo nada, amor, aún no asumo esto de ser tía abuela.
Lena rodó los ojos volviendo al lado de Kara.
—No tienes que asumir nada, lo hecho, hecho está.
—Es Ruby.
—Una adulta responsable que sabe lo que hace con su vida. —Cuidadosamente Lena rodeó a Kara por la cintura, empinándose para dejar un suave beso en la mandíbula. —Y tú eres su tía favorita, así que ya a estas alturas, cuando está en la etapa final del embarazo, deberías ser quien más la apoya.
Kara se relajó dulcemente entre los brazos de su esposa.
—No haré ningún comentario, señora, lo juro. —Antes de que Lena pudiese decir algo, su esposa le robó un beso corto, pero lleno de intensidad. —La amo con el alma, la amo bonito, mi mujer. —Cuidadosamente deslizó la cuchara de madera entre los finos dedos de la pelinegra. —Procederé a ayudar con los otros preparativos antes de arruinar algo de la cena.
La primera en llegar fue Lutessa, impecable como siempre, con su cabello recogido en una trenza baja y un vestido lila que le marcaba el cuello con elegancia. Travis venía detrás, cargando una bandeja de postres con más miedo a que se le cayeran que a enfrentar una junta directiva.
—Huelen a gloria. —Dijo Lutessa, acercándose a besar la mejilla de Lena, dando un abrazo afectuoso como solía hacerlo cada vez que venía a casa. —¿A quién tengo que sobornar para llevarme sobras?
—A mí. —Respondió Lori, entrando con una botella de vino en una mano y una caja de regalos en la otra. —Estoy a cargo del inventario culinario esta noche, y te recuerdo que no soy una persona fácil, hermanita.
Liam apareció unos minutos después con Saskia de la mano. Él traía una sonrisa brillante y desordenada, como si aún no se creyera que esa mujer increíblemente inteligente y algo caótica lo había elegido. Saskia saludó a todos con ese abrazo entusiasta que derribaba barreras, y Kara la recibió como si fuera parte de la familia desde siempre, ya que en efecto había logrado meterse en los corazones de todos al querer con tanta entrega a Liam.
—¿Dónde está la protagonista? —Preguntó Liam, mirando alrededor.
—En el sillón, quejándose de nuestras "ideas invasivas"— respondió Lena con una media sonrisa.
Ruby estaba sentada en el sofá más grande, con los pies en alto, una manta sobre las piernas y una cara que oscilaba entre divertida y fastidiada. Su embarazo ya había entrado en las últimas semanas, y su panza redonda parecía desafiar la lógica del espacio.
—No estoy en contra de las cenas. —Murmuró Ruby cuando todos se acercaron a abrazarla. —Estoy en contra de las cenas donde todo el mundo actúa como si fuera a romperme. —Gruñó por lo bajo. —Tía Lena ni siquiera me dejó poner una cuchara.
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La deuda de Los Luthor. - Supercorp
FanfictionLionel Luthor era un hombre de familia, dedicado y un empresario audaz; nada hacía presagiar que un infarto lo arrebataría de los brazos de su preciada familia, y en el camino revelara todos los trapos sucios que el patriarca de Los Luthor había pat...
